¿Por qué atacan al Papa?

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Created on Monday, 26 April 2010 10:27
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El escándalo mediático que tiene en el centro a la iglesia católica, tiene como objetivo dañar a la figura del Romano Pontífice. Tres análisis, ajenos a la Iglesia, presentados en las últimas semanas, así lo aseguran:

El primero, del senador italiano Marcello Pera, es un escrito titulado “La carta de un senador agnóstico” enviado al director del periódico Il Corriere della Sera el 17 de marzo, en donde afirma que “Está en curso una guerra que no va a terminar pronto, sino que seguirá arreciando cada vez más, pues se trata de un ataque del laicismo contra el cristianismo en donde lo que importa es la insinuación, incluso a costa de lo grosero del argumento que afirma que: –los sacerdotes son pedófilos, por tanto la Iglesia no tiene ninguna autoridad moral, por ende la educación católica es peligrosa, luego entonces el cristianismo es un engaño y un peligro-”. El escrito concluye que “en el fondo, es un embate relacionado con el relativismo y la pérdida de fe, con el aborto y el matrimonio homosexual”.

El segundo, del escritor judío Jon Juaristi, es un artículo publicado en el periódico ABC el 4 de abril, que señala que “no es necesario ser católico para ver hacia dónde apunta la campaña mediática contra el Papa. Esos ataques tienen por finalidad sacar a los católicos de la esfera pública. Los actos de pedofilia son un puro pretexto para acorralar a Benedicto XVI. No soy católico (dice Juaristi) pero ni a mí se me escapa la inmensa talla moral del actual Pontífice”. Y añade: “el justicierismo supone siempre la corrupción del sentido de la justicia, y el blanco de los ataques ya no lo constituyen los curas pederastas y los obispos encubridores, sino el Papa, contra el que se ha movilizado la progresía justiciera”. Finaliza diciendo que “como en este caso no parece que vaya a funcionar el principio de que, herido el pastor se dispersarán las ovejas, es previsible que la campaña arrecie durante algún tiempo”.

El tercero, del periodista italiano Andrea Tornielli, es un artículo publicado en el diario Il Giornale el 11 de abril, en el que desentraña los tres ámbitos diversos de donde provienen los ataques contra el Papa: “Del interior de la propia Iglesia, por parte de clérigos que no están de acuerdo con el pontificado de Benedicto XVI; de los medios masivos, que buscan escándalos para vender; y de los grupos que pretenden limitar el poder de El Vaticano”. Afirma que hay un cobro de facturas contra Benedicto XVI por sus acciones conservadoras hacia adentro de la Iglesia y por sus diversos encuentros ecuménicos e interreligiosos. Todos estos ataques, finaliza Tornielli, “tienen por objetivo minar la credibilidad moral de la Iglesia en la opinión pública, pues con el caso de Marcial Maciel, la sospecha llega hasta el entorno papal más cercano. Las denuncias y cartas no van a disminuir. A la curia le urge una estrategia de salida y muchos esperan que la intervención de Benedicto XVI active esa estrategia”.

Un cuarto análisis, éste sí de génesis eclesiástica, y sorprendentemente valeroso, refiere que la fuente de los ataques procede del sionismo internacional y de sectores masónicos que quieren limitar la autoridad de la Iglesia desprestigiándola. El 16 de abril, el sitio de internet Pontifex publicó las declaraciones del obispo de Grosseto, Italia, Mons. Giacomo Babini, quien asegura que “está en acto una maniobra orquestada por los enemigos de siempre, es decir masones y hebreos, así como la intersección entre ambos, a veces no tan fácil de entender. Sostengo que es un ataque mayormente sionista, visto el poder y el refinamiento: ellos no quieren a la Iglesia, son sus enemigos naturales”.

Al embate contra el Papa se han sumado dos enemigos de Joseph Ratzinger, y con ellos sus seguidores: el ex-franciscano Leonardo Boff, exponente de la Teología de la Liberación, y el teólogo Hans Küng, quien el 15 de abril envió una carta abierta a los obispos del mundo en la que invita a pastores y a fieles a rebelarse contra Benedicto XVI. En ella afirma que el Papa está en contra de la “autoridad suprema” de la Iglesia porque ha reinterpretado de forma “retrógrada” los textos conciliares y ha apoyado la “misa medieval tridentina”, aunque no cita texto alguno. En su incitación, dirigida a pedir la renuncia del Papa, pretende eliminar el principio de autoridad apostólica.

El Santo Padre no renunciará, por supuesto, y pronto presentará su fallo hacia lo que sucederá con la congregación de Marcial Maciel, luego de la auditoria por él ordenada, otro elemento más de toda esta presión hacia el Pontífice.