¡Conócete a tí mismo!

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Somos injustos con nosotros mismos, cuando descuidamos la tarea de conocer nuestra constitución humana. Para ello, a los lectores de "Humanos" seguimos proponiendo la antropología del "Hombre imagen de Dios", que proclama nuestros valores espirituales (la inteligencia y la voluntad) que compartimos con el ser divino, quien es el principio unificador de la familia humana.

Él es el fundamento de la igualdad de todos los humanos, en la diversidad personal de cada individuo. La unidad y la unicidad del principio superior garantizan la igualdad y la universalidad de la constitución humana.

La antropología que presentamos es típicamente antropocéntrica y teocéntrica, y subraya tres realidades acerca del ser humano: (I) la noción de creación, (II) la noción del hombre como imagen de Dios y (III) la noción de persona.

  1. Ser criatura significa que todo ser humano y todo el universo existen por haber recibido de Otro la razón de su existencia.
  2. Por ser espirituales, todos los humanos somos imágenes de Dios. Espiritual se dice del ser dotado de inteligencia y de voluntad. Ahora bien, solamente Dios y el hombre somos seres espirituales. Dios es espíritu incorpóreo e increado. Nosotros somos espíritus incorporados y creados.
  3. Todo ser humano es persona, ya que es un sujeto de naturaleza intelectual, es decir, espiritual. La misma palabra "persona" (per-sonare, verbo acústico de sintonía) nos indica su esencia que consiste en la capacidad de sintonizarnos (per-sonar) con otra persona, gracias al poder espiritual, que consiste en la inteligencia y en el querer reflexivo.

Además, consta que nuestra inteligencia y nuestra voluntad están vigorizadas por el patrimonio de las virtudes intelectuales y morales.

Las virtudes intelectuales son: ciencia, entendimiento, sabiduría y técnica (arte).

Las virtudes morales son: prudencia, justicia, fortaleza y templanza.

Las virtudes morales se denominan cardinales, ya que alrededor de ellas se desarrolla todo el proceso de humanización para una vida personal y social ordenada.

Tal proceso de humanización es precisamente la acción progresiva de una educación que consiste en la adquisición de hábitos virtuosos a lo largo de siete etapas de nuestro desarrollo: (criatura; infante; adolescente; adulto; maduro; autoridad; ser conyugal).

  1. Criatura ("aquello que va a crecer") es todo ente que empieza a ser, gracias a otro ser que es su razón de ser. Es formativo aprender a ser agradecido al otro.
  2. Infante ("aquel que todavía no habla") es el ser humano que está creciendo, y que todavía no es capaz de deliberar para tomar decisiones (in es negativo; for, faris, fatus sum, fari, es un verbo que significa "hablar, tomar decisiones").
  3. Adolescente. La etimología describe la adolescencia como un proceso para llegar al punto del "buen olor", como ocurre en un fruto, para que se disfrute (ad significa tender hacia; oleo, ultum, olere, es un verbo de olfato, que significa oler), así que el término adolescente indica el ser humano que tiende hacia la plenitud de su vida intelectiva y de autodeterminación.
  4. Adulto es el ser humano que "ha llegado al buen olor" (ultum, olere), es decir, a la plenitud de su capacidad de deliberar y de autodeterminarse.
  5. Maduro es un término que deriva de la palabra latina Matura, que es la diosa a la cual los romanos ofrecían los mejores frutos de sus cosechas. Así que, madura es la persona que aprendió a reconocer la trascendencia como el origen y la finalidad de su propia vida.
  6. Autoridad (del verbo augeo, auctum, augere: aumentar, crecer) es el atributo de aquel ser humano quien "ha crecido" hasta tal punto que puede ser imitado por los demás. Así que, autoridad significa el héroe, es decir, el modelo a seguir.
  7. Ser conyugal. Todo hombre es ser conyugal, ya que todos hemos nacido de una pareja humana. Por cierto, la familia es el lugar natural de la comunicación. Tal sociedad de hombre y mujer es la expresión primera de la comunidad de personas humanas. De hecho, por su naturaleza, el hombre es un ser social, ya que no puede existir sin relacionarse con los demás.

Conclusión. El patrimonio de los valores que acabamos de describir, configura la constitución humana y nos define como la admiración de Dios.

El hábito del autoconocimiento y el espíritu de asombro nos transformarán en líderes capaces de solucionar los conflictos personales y sociales.


 

El Dr. Luciano Barp Fontana es Profesor de Filosofía, Ciencias Religiosas y Letras Clásicas e investigador de tiempo completo en la Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales de la Universidad La Salle, Ciudad de México. Sus áreas de investigación son: Antropología filosófica; Ética filosófica y teológica; Derechos humanos; Filosofía de la ciencia y Filología clásica.
Pertenece a la Asociación Mexicana de Estudios Clásicos, A.C.; la Asociación Filosófica de México, A.C.; la Academia Mexicana de Doctores en Ciencias Humanas y Sociales, A.C.; la Sociedad Mexicana de Filosofía, A.C.; y la Sociedad Internacional Tomás de Aquino.