La Familia

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En ocasión del Sínodo de la Familia que se celebra en Roma del 6 al 19 de octubre de 2014.


 

La familia es un valor que está enraizado en la esencia más profunda del ser humano y es una exigencia intrínseca del mismo pacto del amor conyugal.

La familia es una institución natural que se puede considerar como patrimonio de la humanidad.

Es importante que reflexionemos acerca del valor universal de la familia. Ocupa el primer lugar nuestra familia de origen. De ella derivan la familia escolar, la familia profesional y la familia laboral.

A su vez, la familia de origen es una de las obras más queridas por el "Gran Alfarero Universal", principio único y unificador del cosmos y de la humanidad.

 

1. "Desde el principio los hizo hombre y mujer" (Gen 1, 1 - 31).

Cuando Dios creó todas las cosas, dijo: "Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza" (Gen 1, 26). Con un poco de tierra hizo el ser humano, pero no tenía vida: tenía ojos, pero no veía; oídos, pero no oía; boca, pero no hablaba. Entonces el Señor sopló el espíritu de vida y creó un hombre vivo. Era el primer hombre, a quien Dios le puso el nombre de Adán, que significa "hecho de la tierra". La palabra humano deriva del término latino humus, que significa "tierra fértil".

Dios trajo delante de Adán las aves y todos los animales que Él ya había creado. El hombre observó cuidadosamente cada uno de estos vivientes y les puso nombre de acuerdo con las características de cada especie. Con esto se está señalando la superioridad del ser humano sobre las bestias, ya que solamente el hombre es imagen de Dios. Esta expresión significa que Dios es un espíritu incorpóreo, increado y creador; y que el hombre es una criatura corpórea dotada de la inteligencia y del querer reflexivo.

Ahora bien, mientras procedía al reconocimiento del mundo animal, Adán pudo darse cuenta de que, entre todas las criaturas, él era el único que estaba desprovisto de pareja apropiada.
Adán experimentó la soledad que terminó en el momento en que él saludó con alegría y gratitud a la mujer que Dios acababa de crear. "Este ser es hueso de mis huesos y carne de mi carne; ésta será llamada varona, ya que ha sido sacada del varón" (Gen 2, 20). Su nombre es Eva, que significa "la madre de todos los vivientes".

La mujer no es producida por el hombre, sino por Dios mismo. En efecto, Dios manda a Adán "un profundo sopor" y, mientras él dormía, le sacó una costilla. De esta misma costilla que le había quitado a Adán, Dios formó a la mujer y luego se la presentó. Evidentemente, aquel sueño no significa alguna anestesia, sino la suspensión momentánea del poder cognoscitivo, volitivo y práctico del hombre, para constar que la mujer no es un producto del varón, sino de Dios mismo.

Varón y mujer valemos lo mismo, ya que somos de la misma constitución humana. En efecto, todo ser humano es una criatura que ha nacido corporalmente, dotada de los valores de la inteligencia y del querer reflexivo, mediante los cuales podemos construir nuestra propia historia personal.

Seguimos con la interpretación del relato bíblico.

Dios no sacó a la mujer de los pies del varón como para considerarla inferior a éste; tampoco la sacó de la cabeza del varón como para indicar que ella es superior a éste. En cambio, Dios tomó una costilla de Adán, de muy cerca de su corazón, para significar que la mujer es una compañera de la misma naturaleza que el varón, ya que ambos son dotados de la capacidad recíproca de comunicarse afectiva y espiritualmente.

Así fue como, desde el inicio de la humanidad, Dios estableció y aprobó la unión conyugal para que se llevaran a cabo tres propósitos para toda la humanidad.

En primer lugar, el matrimonio sirve para superar la soledad: "No es bueno que el hombre esté solo" (Gen 2, 18). En efecto, por su íntima naturaleza, el hombre es un ser social y no puede existir sin relacionarse con los demás. Ahora bien, es notable que algunas personas (por su propia decisión o por su profesión de una entrega total a los demás) eligen libremente ser célibes, sin embargo, según el plan universal, todo ser humano es conyugal, es decir, todos hemos nacido de una pareja humana.

En segundo lugar, el matrimonio fue planeado para darle al ser humano una compañía y una ayuda recíproca: "Le haré una ayuda idónea" (Gen 2, 18).

Finalmente. El matrimonio fue establecido para que hubiera procreación: "Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra" (Gen 1, 28). En efecto, un hogar animado por una vinculación amorosa y estable entre esposo y esposa, garantiza la educación y el desarrollo integral de la prole. (el término prole significa el conjunto de las hijos).

Aquí se impone una pregunta de máxima actualidad: ¿En qué radica la dignidad de la mujer? Una respuesta espontánea podría decirnos que el valor de la mujer consiste en su condición femenina, en su identidad sexual, en su posibilidad de ser madre, en sus múltiples actividades. Sin embargo, estos elementos no son propios y exclusivos de la mujer, pues, también se encuentran en otros seres vivientes. Notamos que la variedad de las situaciones no debe ser un obstáculo para encontrar la dignidad común del varón y de la mujer. Ésta puede ser soltera, casada, con hijos, con trabajo o desempleada; puede ser aún no nacida o puede pasar los días de su tercera edad en la soledad o gozando del afecto de familiares buenos, sin embargo, en cada situación particular y mutable, su dignidad es universal y consiste en que ella es persona humana. Concluimos que la mujer (y el varón) valemos, y valemos lo mismo, por ser personas humanas.

Esta dignidad corresponde a cada mujer (y a cada varón), ya que, antes de ser mujer (antes de ser varón), cada uno de nosotros es un miembro de la única especie humana.

Esta mentalidad integradora permite el fomento de una cultura de la solidaridad que proclama el valor de cada mujer (y de cada varón) por aquello que somos en sí, es decir, como sujetos humanos, sin sustantivar adjetivos efímeros y conflictivos.

3. La unión matrimonial.

En su estructura natural, el matrimonio es la unión íntima de vida entre un varón y una mujer. Esta unión está constituida por un vínculo indisoluble, libremente contraído, públicamente afirmado, y abierto a la transmisión de la vida y a la educación de los hijos. En efecto, a través de la figura del padre y de la madre, el niño va adquiriendo su identidad personal y sexual como varón o como mujer.

Cuando un varón y una mujer se enamoran, descubren la belleza del amor conyugal que los dispone a unirse matrimonialmente y a procrear un nuevo ser humano.

Procreando nuevas vidas y educando a los hijos, los cónyuges garantizan el futuro de la humanidad y experimentan una de las más plenas realizaciones de su ser personal.

4. Epílogo.

Estas reflexiones acerca de la familia nos llevan a confirmar que todo ser humano, espíritu incorporado y cuerpo espiritualizado, es imagen de Dios. En efecto, Dios es la fuente y la causa de la unidad y de la belleza que se encuentra en las criaturas. Dios hace bellas las cosas, participándoles su luz y su esplendor. Toda armonía, toda amistad, toda unidad deriva de la belleza divina.

Dios es el Principio único y unificador de la universalidad de nuestra naturaleza humana, en la cual se encuentra el fundamento de la igualdad de todos los humanos, en la diversidad personal de cada individuo, cuya realización ocurre solamente en un ámbito familiar y social.

De hecho: 1. La familia es como el "segundo útero" para la vida del ser humano. 2. La familia es como el Principium Urbis, es decir: la familia es el origen de la ciudad, y la ciudad significa la negación de la soledad. 3. La familia es el patrimonio inagotable de la humanidad.


 

El Dr. Luciano Barp Fontana es Profesor de Filosofía, Ciencias Religiosas y Letras Clásicas e investigador de tiempo completo en la Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales de la Universidad La Salle, Ciudad de México. Sus áreas de investigación son: Antropología filosófica; Ética filosófica y teológica; Derechos humanos; Filosofía de la ciencia y Filología clásica.
Pertenece a la Asociación Mexicana de Estudios Clásicos, A.C.; la Asociación Filosófica de México, A.C.; la Academia Mexicana de Doctores en Ciencias Humanas y Sociales, A.C.; la Sociedad Mexicana de Filosofía, A.C.; y la Sociedad Internacional Tomás de Aquino.