Pregúntenle a Schönborn

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El 16 de abril, en vuelo de regreso de Lesbos, Grecia, a Roma, en rueda de prensa con los periodistas acreditados en el viaje apostólico, Francis Rocca, del Wall Street Journal le preguntó al papa Francisco acerca de la exhortación apostólica Amoris Laetitia: “Algunos sostienen que no ha cambiado nada sobre la disciplina que regula el acceso a los sacramentos para los divorciados que se han vuelto a casar; que la ley y la praxis, y obviamente también la doctrina, no han sido tocadas. Otros, en cambio, sostienen que ha cambiado mucho y que hay muchas nuevas aperturas y posibilidades. Mi pregunta sería: para una persona, para un católico, ¿hay nuevas posibilidades concretas que no existían antes…?”. Francisco respondió: “Podría decir que sí, y punto. Pero sería una respuesta muy simplificada. Les recomiendo que lean la presentación del documento que hizo el cardenal Schönborn, que es un gran teólogo. Es miembro de la Congregación para la Doctrina de la Fe y conoce bien la doctrina de la Iglesia. Ahí encontrará usted la respuesta a su pregunta”.

 

En seguida, Jean-Marie Guénois, corresponsal de Le Figaro, le preguntó: “No se ha entendido bien por qué haya puesto usted en esa famosa nota al pie de página, la nota 351, en la Amoris Laetitia, lo que concierne a los problemas de los divorciados vueltos a casar. ¿Por qué una cuestión tan importante se trata en una pequeña nota al pie de página…?”. En respuesta, Francisco, confesó su molestia personal: “Cuando convoqué el primer Sínodo, la gran preocupación de la mayor parte de los medios de comunicación era: ¿podrían recibir la comunión los divorciados que se han vuelto a casar? Y como yo no soy santo, eso me molestó un poco”, y luego respondió: “Debe tratarse de una cita de la Evangelii gaudium. No recuerdo el número, pero seguro que es así”. En efecto, la cita es de Evangelii gaudium: “En ciertos casos, podría ser también la ayuda de los sacramentos. Por eso, a los sacerdotes les recuerdo que el confesionario no debe ser una sala de torturas sino el lugar de la misericordia del Señor. Igualmente destaco que la Eucaristía no es un premio para los perfectos sino un generoso remedio y un alimento para los débiles”.

En atención a lo que el Papa indicó en la rueda de prensa, cuando dijo “Les recomiendo que lean la presentación del documento que hizo el cardenal Schönborn”, y en busca de una respuesta precisa a pregunta tan directa, en el texto de presentación del cardenal Schönborn encontré, en sus propias palabras, lo siguiente: “En lo que respecta a los divorciados vueltos a casar con rito civil él sostiene: Acojo las consideraciones de muchos Padres sinodales, quienes quisieron expresar que (…) la lógica de la integración es la clave de su acompañamiento pastoral (…). Ellos no sólo no tienen que sentirse excomulgados, sino que pueden vivir y madurar como miembros vivos de la Iglesia, sintiéndola como una madre que les acoge siempre”. Este texto no responde la pregunta, cosa que provoca desilusión, y el cardenal lo sabe, pues durante la presentación así lo expresó: “Si se tiene en cuenta la innumerable variedad de situaciones concretas (…) puede comprenderse que no debía esperarse del Sínodo o de esta Exhortación una nueva normativa general de tipo canónica, aplicable a todos los casos. Muchos se esperaban tal norma. Quedarán desilusionados”. En efecto, hay desilusión causada por la imprecisión, tanto en Amoris Laetitia como en el texto de su presentación.

El cardenal Schönborn se planteó a sí mismo, durante la presentación, la misma pregunta: “¿Qué dice el Papa respecto del acceso a las personas que viven en situaciones irregulares”? Pero ni siquiera a sí mismo la respondió, pues lo que dijo fue que “El discernimiento debe ayudar a encontrar los posibles caminos de respuesta a Dios y de crecimiento en medio de los límites” y luego explica que “este discernimiento no podrá jamás prescindir de las exigencias de verdad y de caridad del Evangelio propuesto por la Iglesia”.

En resumen, la duda en torno a que si en la exhortación apostólica Amoris Laetitia se libera el acceso a la Comunión para las parejas casadas en segundas nupcias, ni el papa Francisco, ni el cardenal Scönborn responden objetivamente. Mientras tanto, prevalece la confusión entre obispos, sacerdotes y fieles…

¿A quién podremos preguntarle, entonces…? Pues a nuestro Señor Jesucristo, quien explica claramente que “Quien repudie a su mujer y se case con otra, comete adulterio contra aquella; y si ella repudia a su marido y se casa con otro, comete adulterio” (Mc 10,11). Esta sí que es una respuesta precisa.