El Secreto de Fátima

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Entre el 13 de mayo y el 13 de octubre de 1917, a los hermanos Jacinta y Francisco Marto, y a su prima Lucía Dos Santos, les fue concedido por el Cielo el privilegio de ver a la Virgen María, en Cova de Iría, Portugal. Los videntes eran tres niños pastorcitos: Francisco vio a la Virgen a la edad de 9 años y murió a los 11, Jacinta vio a Nuestra Señora a la edad de 7 años y murió a los diez, y Lucía vio a la Madre de Dios a la edad de 10 años y murió hasta los 98.

A partir de aquella experiencia sobrenatural, los niños tuvieron una sola aspiración: rezar y sufrir de acuerdo con la petición de la Virgen María. Durante las apariciones, soportaron con fortaleza calumnias, malas interpretaciones, injurias, persecuciones y hasta días de prisión.

Durante la tercera aparición de 1917, el 13 de julio, la Virgen entregó a los tres niños videntes un secreto al que se le conoce, de manera general, como “El Secreto de Fátima”, pero fue hasta agosto de 1941 cuando la vidente Lucía Dos Santos mencionó por primera vez la división de este secreto en tres partes:

- La primera es la visión del infierno y la designación del Corazón Inmaculado de María como el remedio supremo ofrecido por Dios a la humanidad para la salvación de las almas.

- La segunda es la profecía concerniente a una paz milagrosa que Dios desea otorgar al mundo a través de la consagración de Rusia al Corazón Inmaculado de María y la práctica de la comunión de los primeros cinco sábados de mes.

- La tercera parte fue transcrita por Sor Lucía el 3 de enero de 1944 y se mantuvo en secreto hasta el año 2000, cuando lo promulgó Juan Pablo II el 13 de mayo durante la beatificación de Jacinta y de Francisco.

El texto íntegro del tercer secreto de Fátima dice: “Después de las dos partes que ya he expuesto, hemos visto al lado izquierdo de Nuestra Señora un poco más en lo alto a un Ángel con una espada de fuego en la mano izquierda; centelleando emitía llamas que parecía iban a incendiar el mundo; pero se apagaban al contacto con el esplendor que Nuestra Señora irradiaba con su mano derecha dirigida hacia él; el Ángel señalando la tierra con su mano derecha, dijo con fuerte voz: ¡Penitencia, Penitencia, Penitencia! Y vimos en una inmensa luz que es Dios: 'algo semejante a como se ven las personas en un espejo cuando pasan ante él' a un Obispo vestido de Blanco 'hemos tenido el presentimiento de que fuera el Santo Padre'. También a otros Obispos, sacerdotes, religiosos y religiosas subir una montaña empinada, en cuya cumbre había una gran Cruz de maderos toscos como si fueran de alcornoque con la corteza; el Santo Padre, antes de llegar a ella, atravesó una gran ciudad medio en ruinas y medio tembloroso con paso vacilante, apesadumbrado de dolor y pena, rezando por las almas de los cadáveres que encontraba por el camino; llegado a la cima del monte, postrado de rodillas a los pies de la gran Cruz fue muerto por un grupo de soldados que le dispararon varios tiros de arma de fuego y flechas; y del mismo modo murieron unos tras otros los Obispos sacerdotes, religiosos y religiosas y diversas personas seglares, hombres y mujeres de diversas clases y posiciones. Bajo los dos brazos de la Cruz había dos Ángeles cada uno de ellos con una jarra de cristal en la mano, en las cuales recogían la sangre de los Mártires y regaban con ella las almas que se acercaban a Dios”.

Aquel 13 de Mayo de 2000, el Cardenal Ángelo Sodano, en nombre del Papa, reveló parte del secreto relacionándolo con su pontificado y afirmó, con la aprobación de Sor Lucía, allí presente, que Juan Pablo II es el Papa a quien hace referencia el secreto. Anunció además que todo el contenido sería revelado junto con un comentario, como ocurrió el 26 de junio del mismo año.

Diez años después, el 13 de mayo de 2010, durante su viaje apostólico a Portugal, Benedicto XVI aseveró en Fátima que “Se engañaría quien pensase que la misión profética de Fátima haya concluido” y agregó que “El hombre pudo desencadenar un ciclo de muerte y de terror, pero no consigue interrumpirlo...”