México no es bicentenario

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No es lo mismo celebrar el bicentenario del nacimiento de México como Nación, que celebrar el bicentenario de la independencia de México de la corona española. No es igual.

El 16 de septiembre de 1810 es la fecha histórica que marca la soberanía de México, que ya desde once años antes del “Grito de Dolores” se veía venir, pues el entonces obispo de Valladolid, Manuel Abad y Queipo, le advertía al rey de España sobre la necesidad de expedir leyes benéficas para indios y mestizos. En su informe escrito a finales de 1799, sobre la situación económica y social que prevalecía en la Nueva España, le explicaba a Carlos IV que la población era de cuatro millones y medio de habitantes, pero que sólo el 10%, conformada por españoles, poseía riquezas, propiedades y beneficios, en tanto que el 90% restante, constituido por indios y mestizos, era víctima de miseria y degradación social.

En 1808 se vivía en España una situación de vacío de poder, pues Carlos IV había abdicado a favor de su hijo Fernando VII, quien a su vez abdicó en Napoleón, quien finalmente abdicó la corona española en su hermano José I Bonaparte, una patente inestabilidad política que había provocado el colapso de la hegemonía española.


Mientras la monarquía se desmoronaba en España, en la Nueva España surgía un movimiento desordenado y violento proveniente de criollos, entre ellos Miguel Hidalgo, que protestaba contra la imposición napoleónica y reclamaba la reinstalación del rey Fernando VII. José María Morelos y Pavón organizó y disciplinó el levantamiento, pero tras su muerte, en 1815, la lucha cayó en decadencia hasta que en 1819 los cambios reformistas ocurridos en España fueron determinantes para consumar la independencia en México, pues quienes inicialmente se habían opuesto al movimiento, funcionarios del virreinato y españoles puros nacidos en México y en España, luego se pasaron a las filas de la insurgencia, con el propósito de protegerse de las reformas liberales, de inspiración masónica, que ocurrían en España.

Fue hasta el 24 de febrero de 1821 cuando logró establecerse la absoluta independencia de la Nueva España con la promulgación del Plan de Iguala, y hasta el 24 de agosto cuando se consolidó mediante los Tratados de Córdoba firmados en Veracruz por Juan O’Donojú y Agustín de Iturbide.

Pero México ya existía desde siglos atrás. En efecto, entre la consolidación de la independencia en 1821, y la caída de la gran Tenochtitlán, en manos de Hernán Cortés, en 1521, habían transcurrido 300 años, tres siglos exactamente.

Luego del destronamiento de Moctezuma, el último emperador azteca, los nativos mexicanos se encontraron desnudados de todo, desposeídos, deshechos, sin patria ni identidad, sin tierra propia, sin suelo, sin nación. Pero diez años después, en 1531, la Virgen de Guadalupe se apareció seis veces durante el mes de diciembre y se presentó así al indio Juan Diego Cuautlatoatzin: “Ten la bondad de enterarte, por favor pon en tu corazón, hijito mío el más amado, que yo soy la perfecta siempre Virgen Santa María, y tengo el privilegio de ser Madre del verdaderísimo Dios, de Ipalnemohuani, (Aquel por quien se vive), de Teyocoyani (el Creador de las personas), de Tloque Nahuaque (el Dueño del estar junto a todo y del abarcarlo todo), de Ilhuicahua Tlaltipaque (el Señor del Cielo y de la Tierra). Mucho quiero, ardo en deseos de que aquí tengan la bondad de construirme mi templecito, para allí mostrárselo a ustedes, engrandecerlo, entregárselo a Él, a Él que es todo mi amor, a Él que es mi mirada compasiva, a Él que es mi auxilio, a Él que es mi salvación”.

Luego anunció el nacimiento del nuevo Pueblo, de la nación mestiza que es México, cuando afirmó: “Yo me honro en ser madre compasiva de todos ustedes, tuya y de todas las gentes que aquí en esta tierra están en uno, y de los demás variados linajes de hombres, mis amadores”.

Miguel Hidalgo supo descifrar que la imagen de la Virgen de Guadalupe, plasmada en el ayate de Juan Diego, es el más vigoroso símbolo de la mexicanidad, y por eso enarboló esa misma imagen haciéndola ondear mientras con fuerte voz proclamó: “¡Viva México! ¡Viva la Virgen de Guadalupe!”

A partir de la expresión “Todas las gentes que aquí en esta tierra están en uno”, considerada el primer anuncio del nacimiento de México, es que sabemos, y podemos afirmarlo con vehemencia, que los mexicanos somos un pueblo mestizo que nació hace 500 años, el 9 de diciembre de 1531, y que en esa misma fecha, pero de 2031, estaremos celebrando 500 años de ser una noble Nación.