El mensaje de BXVI por la muerte del cardenal Meisner

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Tras la muerte del cardenal Joachim Meisner, arzobispo emérito de Colonia, y amigo personal del papa Benedicto XVI, la noche del 4 de julio, el papa Benedicto envió un mensaje para que se leyera durante los funerales.

El cardenal Meisner, fallecido a los 83 años de edad, fue uno de los cardenales firmantes de las Dubbia dirigidas al Papa Francisco solicitando clarificar la exhortación apostólica Amoris Laetitia, junto con los cardenales Raymond Burke, Carlo Caffarra y Walter Brandmüller.

Durante la Misa, el 11 de julio, monseñor Georg Gänswein, Secretario de Benedicto XVI, leyó el mensaje:


“En esta hora, en la que en la Iglesia de Colonia, personas de fe despiden al cardenal Joachim Meisner, mi corazón y mi pensamiento están con ustedes; y con mucho gusto, siguiendo los deseos del cardenal Woelki, dirijo unas palabras de recuerdo hacia él.

Cuando supe el miércoles pasado, por una llamada telefónica de la muerte del cardenal Meisner, no lo creía al principio. El día anterior, habíamos hablado por teléfono. En su voz sonaba el agradecimiento de que había llegado la hora de sus vacaciones y de haber estado previamente el domingo 25 de junio en la beatificación del obispo Teofilius Matulionis en Vilnius. El amor por las iglesias en los países vecinos del este, que habían sufrido bajo la persecución comunista, así como la gratitud por el aguante en los sufrimientos de ese tiempo, le influenciaron a lo largo de su vida, por lo que probablemente no es una coincidencia que en la última visita de su vida haya sido considerado como uno de los confesores de la fe en esos países.

Lo que más me impresionó en las recientes conversaciones con el cardenal difunto era su relajada serenidad, su alegría interior y la confianza que había encontrado. Sabemos que para él, apasionado pastor y padre espiritual, fue duro dejar su cargo, precisamente en un momento en el que la Iglesia necesita con mayor urgencia de pastores convincentes que se resistiesen a la dictadura del espíritu de la época y decididamente vivir con fe y razón. Pero más me conmueve que aprendió a dejarse ir en este último período de su vida para vivirla con la profunda certeza de que el Señor no abandona a su Iglesia, aunque a veces la barca esté a punto de zozobrar.

Dos cosas lo han hecho cada vez más feliz y seguro en los últimos tiempos: Por una parte, me dijo cómo le llena de profundo gozo experimentar, en la penitencia,  como los jóvenes, experimentan especialmente la gracia del perdón, el don de haber encontrado verdaderamente la vida que sólo Dios puede darles. La otra cosa que siempre le emocionó y que feliz aceptó, fue el crecimiento silencioso de la adoración eucarística. En la Jornada Mundial de la Juventud, en Colonia, este fue un punto central, que había adoración, un silencio en el que sólo el Señor habla a los corazones. Algunos expertos de pastoral y liturgia creían que ese silencio no podía alcanzarse a los ojos del Señor con un número tan grande de personas. Algunos de ellos opinaban que la Adoración eucarística era anticuada como tal, puesto que el Señor se recibe en el Pan eucarístico y no de otra manera, pero no se puede comer este pan como cualquier alimento, el Señor en el Sacramento Eucarístico pide recibir todas las dimensiones de nuestra existencia. El hecho de que la recepción deba ser adorada se ha vuelto muy claro. Por ejemplo, la Adoración eucarística del día mundial de la juventud en Colonia se ha convertido en un evento interior que no sólo fue memorable para el cardenal. Desde entonces, este momento siempre ha estado invariablemente presente y ha sido una gran luz para él.

Cuando la última mañana el cardenal Meisner no apareció en la Misa, fue encontrado muerto en su habitación. El Breviario se había escapado de sus manos: había muerto orando, a los ojos del Señor, en conversación con el Señor. El tipo de muerte que le fue otorgado muestra una vez más cómo vivió: a los ojos del Señor y en conversación con él. Así podemos alabar su alma a la bondad de Dios. ¡Señor, te agradecemos el testimonio de tu siervo Joachim! ¡Ahora, que sea un intercesor de la iglesia de Colonia y de toda la tierra! Benedicto XVI, Papa Emérito”.

Del mensaje resultan dignas de atención estas dos expresiones “momento en el que la Iglesia necesita con mayor urgencia de pastores convincentes” y “el Señor no abandona a su Iglesia, aunque a veces la barca esté a punto de zozobrar”.

Oremos…