Los apóstoles Judas Iscariote y Matías

User Rating:  / 18
PoorBest 

 

 

Es probable que Judas Iscariote fuese el mejor amigo de Jesús, como lo demuestra el gesto, de gran tradición judía, de comer de su plato.

Judas era un Zelota, integrante del grupo de resistencia a la ocupación romana, que esperaba la llegada de un mesías libertador que venciese a los invasores para implementar un nuevo reino, como el del rey David, para lo que había empeñado su vida en la obtención de armamento y recursos.

La propuesta de Jesús era divina y pacífica; la de Judas era humana y bélica. Judas entendía el mensaje de Jesús pero no estaba de acuerdo con sus formas pacíficas, y discutía con su amigo y le impulsaba a lanzar el inicio de la rebelión. Jesús le explicaba, pero Judas no quería entender…

 

Cuando Iscariote vio a su amigo juzgado, calumniado y golpeado en el Sanhedrin, enfrentó su error y trató de repararlo devolviendo las 30 monedas, pero ya era tarde. Judas no soportó su culpa y se suicidó colgándose de un árbol, muriendo como un maldito de Dios, según las leyes judías.

Sin embargo, Judas era uno de los doce apóstoles, como refieren los evangelistas demostrando que  le correspondía con pleno derecho el título de Apóstol, pues hasta el mismo Jesús, dirigiéndose a los apóstoles,  se refirió a él como “uno de ustedes”.

¿Por qué Judas traicionó a Jesús? Hay dos respuestas: la avidez por el dinero y la decepción al ver que Jesús no pensaba en la liberación político-militar de su pueblo.

En cualquier caso, la traición de Judas sigue siendo un misterio. Jesús lo trató como a un amigo, y en sus invitaciones a seguirlo por el camino de las bienaventuranzas nunca forzó la voluntad de los discípulos ni les impidió caer en las tentaciones del demonio, en respeto a la libertad humana.

Una pregunta común, de siglos, consiste en saber si Jesús perdonó a su amigo Judas. La respuesta es que el Señor no condena a nadie, es cada uno el que se condena a partir de sus propias acciones, y las de Judas fueron tomadas por su propia voluntad y en libertad. Además, las palabras de Jesús “¡Ay de aquel por quien el Hijo del hombre es entregado! ¡Más le valdría a ese hombre no haber nacido!” (Mc 14, 21), son un lamento hacia su condenación, pues se nace para la salvación, no para la condenación, y en tal caso es preferible no nacer que pasar la vida eterna en el mar de fuego.

Las posibilidades de perversión del corazón humano son muchas, el único modo de prevenirlas consiste en asumir siempre el punto de vista de Jesús, cosa que Iscariote no supo hacer por empeñarse en defender su propia visión de las cosas al punto de imponerla por sobre la de Dios.

 

+

 

El apóstol Matías nació en Belén, de la tribu de Judá, donde estudió la ley mosaica y las escrituras con san Simeón, el profeta que al conocer al Mesías recién nacido, exclamó: “han visto mis ojos tu salvación, lo que has preparado a la vista de todos los pueblos” (Lc 2, 30).

Con respecto a la vida de este apóstol, que inicialmente formó parte del grupo de los setenta discípulos y que luego fue elegido para volver a completar el número de los doce apóstoles tras la muerte de Judas Iscariote, hay dos tradiciones, una es la llamada Leyenda Aurea, que refiere que primero predicó en Judea y luego en la región Cólquida de Etiopía, donde por predicar a Cristo, fue perseguido, torturado y crucificado en el año 63.

La otra tradición narra que san Matías predicó en Macedonia, donde fue obligado a tomar una bebida venenosa a fin de poner a prueba la veracidad de su predicación, y aunque salió incólume, quisieron matarlo, por lo que se hizo invisible por tres días para luego ir a la ciudad de Amasea, en la costa del Mar Negro, donde durante tres años acompañó al apóstol san Andrés en su predicación por Edesa y Sebasta. Después volvió a Judea, donde el sumo sacerdote del templo de Jerusalén lo hizo decapitar, y donde los primeros cristianos sepultaron su cuerpo.

En el año 324, santa Elena, madre del emperador Constantino, encontró sus reliquias y las llevó a Roma, donde se conservan en la basílica de santa María la Mayor.

Con el tiempo, parte de las reliquias se enviaron a Padua, donde permanecen en la iglesia de santa Justina, y otra parte a la ciudad alemana de Tréveris, donde se conservan en la abadía benedictina de san Matías. Su festividad se celebra el 14 de mayo.