Homilía en Desagravio, Reparación y Consagración

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El 10 de diciembre, el cardenal Juan Sandoval Íñiguez presidió la santa Misa en el marco del Gran Acto de Desagravio, Reparación y Consagración en el estadio Azul de la ciudad de México. Durante la homilía, con valor y firmeza, dijo, entre otras palabras, las siguientes:

“Hacemos este acto de desagravio en vísperas de la fiesta de la Virgen de Guadalupe, Reina de México, Señora de nuestros corazones, y en tiempo de preparación para la Venida del Señor. Un acto de desagravio en el que venimos a hacer confesión de culpas, a reconocer nuestros pecados delante del Señor y a pedirle misericordia y perdón. Venimos a decirle: -Señor, hemos pecado contra Ti y cometido la maldad que aborreces. Perdona a tu pueblo y aparta de nosotros el castigo que merecemos.

Hemos pecado ante todo con el crimen mas tremendo, más grave y más cruel, el del aborto, practicado a veces con el consentimiento de las leyes inicuas y a veces ocultamente, pero siempre con crueldad, con alevosía y ventaja contra el más indefenso. Miles de inocentes son asesinados constantemente en el vientre de su madre. Como contrapartida, y en castigo de este crimen, el crimen organizado mata y descuartiza a sus víctimas igual que se destrozan los niños en el seno materno.

 

Perdónanos Señor, hemos pecado admitiendo y promoviendo la Ideología de Género que con su paquete de perversiones atenta contra la familia y la vida, con la finalidad no confesada de arruinar a los pueblos, subyugarlos y saquearlos. ¡Sin moral ni familia, nuestra patria no tiene futuro! Perversa Ideología de Género, impuesta desde fuera, pero que encuentra entusiastas promotores mercenarios dentro de nuestro país.

A propósito de la Ideología de Género, en días pasados en la ONU se votó por la familia o contra la familia. Tristemente, México votó a favor de los pretendidos derechos sexuales de los niños, sustrayéndolos a la autoridad de sus padres. Por fortuna, otros gobiernos más honestos y sensatos hicieron que triunfara la opción por la familia y por la vida, y que se reconociera la autoridad de los padres de familia sobre sus hijos.

Señor, en México hemos pecado mucho con la corrupción que alcanza niveles nunca vistos: saqueos de recursos públicos, de los bienes de la nación, falta de justicia en los tribunales, complicidad con el crimen organizado, salarios de miseria, etc. La consecuencia inevitable es el empobrecimiento de gran parte del pueblo mexicano y sus inevitables secuelas de hambre, ignorancia, enfermedad y muerte. Perdona, Señor, que estemos tan lejos de guardar los mandamientos. Perdónanos, Padre de Misericordia y de Bondad, pues pecamos mucho –y creo yo, inconscientemente- lanzando contra el cielo el grito insensato de los ángeles malos: “No te serviremos”.

Queremos vivir un relativismo cómodo en la moral, sobre todo en lo referente a la familia y la vida, y no aceptamos que la Iglesia nos enseñe en nombre de Dios verdades absolutas y preceptos morales inquebrantables, sobre todo en materia sexual. Rechazamos a la Iglesia y su enseñanza como anticuada y medieval, rechazando a Cristo y al Padre que lo envió.

Señor y Dios Nuestro, hemos pecado nosotros los pastores, obispos y sacerdotes, sobre todo con la omisión, con la indiferencia; no hemos estado al frente de tus ovejas para defenderlas del lobo, no hemos proclamado -por los pecados- la Palabra que tú le decías en secreto a tus apóstoles; hemos sido mesurados, tímidos, correctamente muy políticos. Nos enviaste a predicar el Evangelio a todas las naciones, a decirles lo que tú nos enseñaste, y no lo hemos hecho. Perdona nuestras deficiencias, nuestros pecados, nuestras omisiones y malos ejemplos que le hemos dado a tu pueblo santo.

Señor y Dios Nuestro, antes de que venga un castigo mayor, nos mandas castigos temporales y correcciones paternas por medio de la naturaleza. ¿Serán pura casualidad dos 19 de septiembre en esta misma ciudad? Hoy reconocemos que hemos pecado mucho y pedimos confiados tu misericordia y perdón.

Nuestro desagravio, nuestra suplica de perdón, sube al cielo regada por la sangre de Cristo, que se derramó en la cruz por todos los pecados del mundo y que ahora te ofrecemos en esta Santa Eucaristía.

En vísperas de las fiestas de nuestra Madre Santísima de Guadalupe, imploramos la poderosa intercesión de la que es “Madre de Dios por quien se vive” y madre amorosa y tierna de este pueblo de México.

Señor, mándanos la gracia de convertirnos y así podremos enderezar los caminos de la vida pública y privada para que alcancemos la Gloria que nos tienes prometida y para que nuestra patria cumpla su destino. ¡Sea alabado Jesucristo!”.