Gaudete et exsultate

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La tercera exhortación apostólica de Francisco, del 19 de marzo de 2018, publicada el 9 de abril, es una guía para alcanzar la santidad en nuestro tiempo. Consta de cinco capítulos: El Llamado a la santidad, Dos sutiles enemigos de la santidad, A la luz del Maestro, Algunas notas de la santidad en el mundo actual, y Combate, vigilancia y discernimiento. Aquí, una selección de entre sus 177 párrafos:

I) El llamado a la santidad

-Los santos que nos alientan y acompañan: Quizá su vida no fue siempre perfecta, pero aun en medio de imperfecciones y caídas siguieron adelante y agradaron al Señor.

-Los santos de la puerta de al lado: La santidad de la Iglesia militante, de aquellos que viven cerca de nosotros y son un reflejo de la presencia de Dios.

 

-El Señor llama: que cada creyente discierna su propio camino y saque a la luz lo mejor de sí, aquello tan personal que Dios ha puesto en él.

-También para ti: Todos estamos llamados a ser santos viviendo con amor y ofreciendo el propio testimonio en las ocupaciones de cada día.

-Tu misión en Cristo: Déjate transformar, déjate renovar por el Espíritu, para que eso sea posible, y así tu preciosa misión no se malogrará. El Señor la cumplirá también en medio de tus errores y malos momentos, con tal que no abandones el camino del amor.

-La actividad que santifica: Hace falta un espíritu de santidad que impregne tanto la soledad como el servicio, tanto la intimidad como la tarea evangelizadora, de manera que cada instante sea expresión de amor entregado bajo la mirada del Señor.

-Más vivos, más humanos: No tengas miedo de la santidad. No te quitará fuerzas, vida o alegría. Todo lo contrario, porque llegarás a ser lo que el Padre pensó cuando te creó y serás fiel a tu propio ser.

            II) Dos sutiles enemigos de la santidad

-Dos falsificaciones de la santidad que podrían desviarnos del camino: el gnosticismo y el pelagianismo. Son dos herejías que surgieron en los primeros siglos cristianos, pero que siguen teniendo alarmante actualidad.

             III) A la luz del Maestro

-A contracorriente: Las bienaventuranzas de ninguna manera son algo liviano o superficial; al contrario, ya que sólo podemos vivirlas si el Espíritu Santo nos invade con toda su potencia y nos libera de la debilidad del egoísmo, de la comodidad, del orgullo.

-El gran protocolo: Si verdaderamente hemos partido de la contemplación de Cristo, tenemos que saberlo descubrir sobre todo en el rostro de aquellos con los que él mismo ha querido identificarse… …La defensa del inocente que no ha nacido debe ser clara, firme y apasionada, porque allí está en juego la dignidad de la vida humana, siempre sagrada, y lo exige el amor a cada persona más allá de su desarrollo.

            IV) Algunas notas de la santidad en el mundo actual

-Son cinco grandes manifestaciones del amor a Dios y al prójimo.

-Aguante, paciencia y mansedumbre: Estar centrado, firme en torno a Dios que ama y que sostiene. Desde esa firmeza interior es posible aguantar, soportar las contrariedades, los vaivenes de la vida, y también las agresiones de los demás, sus infidelidades y defectos.

-Alegría y sentido del humor: Hay momentos duros, tiempos de cruz, pero nada puede destruir la alegría sobrenatural, que se adapta y se transforma, y siempre permanece al menos como un brote de luz que nace de la certeza personal de ser infinitamente amado, más allá de todo. 

-Audacia y fervor: Reconozcamos nuestra fragilidad pero dejemos que Jesús la tome con sus manos y nos lance a la misión.

-En comunidad: Es difícil luchar contra la propia concupiscencia y contra las asechanzas y tentaciones del demonio y del mundo egoísta si estamos aislados.

-En oración constante: La santidad está hecha de una apertura habitual a la trascendencia, que se expresa en la oración y en la adoración. El santo es una persona con espíritu orante, que necesita comunicarse con Dios.

            V) Combate, vigilancia y discernimiento

-El combate y la vigilancia: Es también una lucha constante contra el diablo. No pensemos que es un mito, una representación, un símbolo, una figura o una idea. Ese engaño nos lleva a bajar los brazos, a descuidarnos y a quedar más expuestos.

-El discernimiento: Si lo pedimos confiadamente al Espíritu Santo, y al mismo tiempo nos esforzamos por desarrollarlo con la oración, la reflexión, la lectura y el buen consejo, seguramente podremos crecer en esta capacidad espiritual.

Que María corone estas reflexiones… …Es la santa entre los santos, la más bendita, la que nos enseña el camino de la santidad y nos acompaña.