La Sábana Santa de Turín

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Created on Wednesday, 23 May 2018 16:48
Written by Roberto O´Farrill
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La Sagrada Escritura refiere que el pretor Poncio Pilato “concedió el cuerpo a José, quien, comprando una sábana, lo descolgó de la cruz, lo envolvió en la sábana” (Mc 15, 45). Este lienzo, en el que san José de Arimatea envolvió el cuerpo muerto de Nuestro Señor, es la reliquia más importante por contener en sí misma tanto la imagen como la sangre de Cristo.

La Sábana Santa es un lienzo de lino de 4 metros 42 centímetros de largo por 1 metro 13 centímetros de ancho. Toda la tela presenta profusas manchas de sangre y en ella están plasmadas longitudinalmente las imágenes frontal y dorsal del cuerpo de Cristo, así como su Rostro, imágenes que no contienen pigmentos, pintura o tintura y nada que demuestre un origen pictórico, lo que la hace ser una imagen Acheropita, es decir, no hecha por mano humana.

Según investigaciones de especialistas en medicina, arqueología, historia, física y palinología, la imagen corresponde al cuerpo de un hombre, del siglo I, que ha sido golpeado, flagelado, lacerado por un artefacto de espinas colocado en su cabeza, crucificado y a quien le fue abierto el costado.

 

Por la manera en que se colocó el lienzo para envolver el cadáver, las imágenes dorsal y frontal se oponen por la cabeza y presentan invertidos los tonos claro-oscuros, pues lo que originalmente es oscuro se percibe claro, y lo claro, oscuro. Esto obedece a que la impronta de todo el cuerpo se comporta como si se tratase de un negativo fotográfico, cosa que no sucede con las manchas de sangre, que no son negativas sobre la tela, sino positivas, pues se formaron por contacto directo de la tela con el cuerpo ensangrentado. De igual manera, como sucede con los negativos, las imágenes se presentan invertidas, pues la parte derecha aparece a la izquierda y viceversa, como en un espejo.

Los estudios forenses han determinado que las huellas corresponden tanto a sangre que brotó del cuerpo vivo, como a sangre que emanó del cuerpo muerto, como la que fluyó del costado; la sangre es de tipo AB, muy común en Palestina; y la imagen del cuerpo se formó debido a una alteración del tejido molecular de la tela inducida por una oxidación provocada por la emanación de una radiación proveniente del cuerpo, una energía de la que se puede suponer que se produjo al momento de la Resurrección.

Actualmente, la Sábana Santa se encuentra en la catedral de Turín, aunque a lo largo de dos mil años ha tenido un recorrido extenso a partir de que desde el Domingo de Pascua fue rescatada del sepulcro por los discípulos de Jesús y escondida por los primeros cristianos dentro de un muro en la ciudad de Edessa y descubierta en el año 525 con ocasión de la restauración de la iglesia de Santa Sofía.

El 16 de agosto del año 944, los ejércitos bizantinos la trasladaron a Constantinopla, de donde los Caballeros de la Orden del Temple la llevaron a Europa, donde pasó a ser posesión de Godofredo de Charny, descendiente de un caballero Templario del mismo nombre, y quien en 1356 la entregó a los canónigos de Lirey, Francia.

En 1453, Margarita de Charny, descendiente de Godofredo, la cedió al Duque Ludovico de Saboya, quien la llevó a Chambéry, Francia, donde el 3 de diciembre de 1532, un incendio la dañó seriamente al derretirse la plata de la urna que la contenía.

En 1535 fue transferida a Turín, luego a Vercelli, Milán, Niza y nuevamente a Vercelli, donde permaneció hasta 1561, cuando volvió a Chambéry, donde estuvo hasta el 14 de septiembre de 1578, cuando Emanuelle Filiberto de Saboya la llevó a Turín para facilitarle a san Carlos Borromeo su veneración, y donde el 1 de junio de 1694 se colocó en la capilla Guarini de la catedral, de donde en junio de 1706, para protegerla del asedio a Turín fue llevada a Génova y luego devuelta a Turín.

Durante la Segunda Guerra Mundial permaneció oculta en el Santuario de Montevergine, en Avellino, del 25 de septiembre de 1939 al 28 de octubre de 1946.

El 18 de marzo de 1983, Umberto II de Saboya, último rey de Italia, la donó a Juan Pablo II con la condición de que permaneciese por siempre en la catedral de Turín, de donde el 11 de abril de 1997 fue rescatada por el bombero Mario Trematore del incendio en la catedral, a la que han acudido a venerarla los papas san Juan Pablo II, en mayo de 1998; Benedicto XVI, en mayo de 2010; y Francisco, en junio de 2015.