Edículo de la Resurrección

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El Evangelio presenta el anuncio de la Resurrección de Cristo con estas palabras: “Buscan a Jesús de Nazaret, el Crucificado; ha resucitado, no está aquí. Vean el lugar donde le pusieron” (Mc 16, 6).

La Resurrección de Cristo es Dogma de Fe además de ser un acontecimiento real, visible y de constatación histórica, y si creemos que el Señor resucitó es porque “después de su muerte, Jesús mismo se presentó en persona a sus apóstoles y, durante cuarenta días, se estuvo apareciendo, dándoles así claras pruebas de que estaba vivo” (Hch 1, 3).

San Pablo, apenas veinte años después de la Resurrección de Jesús, refiere: “Les he enseñado que Cristo murió, que lo sepultaron y que resucitó al tercer día y que se apareció a Pedro y después a los apóstoles. Después se apareció a más de quinientos hermanos a la vez, de los cuales viven muchos todavía aunque algunos ya murieron. Después se apareció a Santiago, luego a todos los apóstoles y por último, después de todos, se me apareció también a mí, una especie de aborto, pues yo soy el menos importante de los apóstoles, y ni siquiera merezco llamarme apóstol, porque perseguí a la Iglesia de Dios” (1 Cor 15, 3-9).


En uno de sus elocuentes sermones, san Agustín medita en torno a la Resurrección del Señor y explica que la derrota de la muerte se extiende a quienes anhelan volver a vivir: “Murió, pero dio muerte a la muerte; puso término en sí mismo a la muerte que temíamos; la tomó sobre sí y le causó la muerte; como el mejor cazador, capturó al león y lo mató. ¿Dónde está la muerte? Búscala en Cristo, ya no existe; existió pero murió allí. ¡Oh vida, muerte de la muerte! Tengan buen ánimo, que morirá también en nosotros. Lo que fue por delante en la cabeza, se repetirá en los miembros; también en nosotros morirá la muerte.

San Agustín también enseña esta gran verdad: “Todos creen que Cristo murió. El Señor pasó, por la pasión, de la muerte a la vida, y se hizo camino a los creyentes en su Resurrección para que nosotros pasemos igualmente de la muerte a la vida. No es cosa grande creer que Cristo murió. Eso también lo creen los paganos, los judíos y los perversos. Todos creen que Cristo murió. La fe de los cristianos consiste en creer en la Resurrección de Cristo. Tenemos por grande creer que Cristo resucitó. Entonces quiso Él que se le viera, cuando pasó, esto es, cuando resucitó. Entonces quiso que se creyese en Él, cuando pasó, porque fue entregado por nuestros pecados y resucitó por nuestra justificación. El Apóstol (san Pablo) recomendó sobremanera esta fe en la Resurrección de Cristo cuando dijo: ‘Si creyeses en tu corazón que Dios resucitó a Cristo de entre los muertos, te salvarás’. No dijo: ‘Si creyeses que Cristo murió’, lo cual también creyeron los paganos, los judíos y todos sus enemigos, sino si creyeses en tu corazón que Dios resucitó a Cristo de entre los muertos, te salvarás. Cree esto.”

El Edículo de la Anástasis, -en griego, Resurrección- nombre que recibe por ser el lugar en el que Cristo resucitó, se encuentra al interior de la basílica del Santo Sepulcro, en Jerusalén, al centro de una rotonda de columnas que sostienen un techo en forma de cúpula de estilo moscovita edificado por los cristianos ortodoxos en el año 1810 en sustitución del que fuese erigido por los frailes franciscanos en el siglo XVI y devastado por un incendio en 1808. La fachada del Edículo presenta columnas torcidas, ornamentos, inscripciones, cuadros y lámparas de aceite.

Al interior del Edículo se encuentra el vestíbulo, de cuatro por tres metros y medio, decorado con paneles de mármol blanco intercalados por columnas y pequeños pilares; es la llamada “Capilla del Ángel” en memoria del joven vestido con una túnica blanca que las mujeres vieron sentado en la tumba la mañana del Domingo y de quien recibieron el anuncio de la Resurrección. En el centro se encuentra un pedestal con un fragmento de la roca que cerraba la entrada del Sepulcro, piedra que se conservaba toda entera dentro de la basílica hasta la destrucción del año 1009.

Una pequeña puerta, de un metro y medio, introduce al sitio preciso en el que fue depositado el Cuerpo de Cristo; se trata de una segunda habitación que mide 2.07 metros de longitud por 1.93 de anchura. Allí se encuentra el banco sepulcral, de 1.89 por 0.93 metros, protegido por placas de mármol. Es en este preciso lugar donde Jesús se levantó de la muerte.