Guadalupe de España

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La Virgen María quiso venir a México apareciéndose al vidente san Juan Diego en 1531 y dejar aquí su sagrada imagen, no hecha por mano humana, en el lienzo que se venera en su basílica junto al monte Tepeyac, donde ella se presentó como “Santa María de Guadalupe, madre del verdaderísimo Dios”.

En España también se venera a la Virgen María con el mismo nombre, aunque no bajo la misma advocación, también procedente de una aparición suya de la que fue testigo un vidente sencillo que pastoreaba un rebaño de vacas en el valle de Guadalupe, en Extremadura, valle al que así se le nombra por el río que lo atraviesa, nombre que pudiese derivarse, bien del árabe Wad-al Luben (Río escondido), bien del árabe combinado con latín: Wad-al y Lupus (Río de Lobos), en alusión a los lobos que abrevaban a sus orillas.

Por su parte, el nombre de la Virgen de Guadalupe de México procede de la palabra náhuatl Coatlaxopeuh, que significa “la que aplasta a la serpiente”, compuesta por los fonemas Coa=serpiente, tla=la y xopeuh=aplastar.

 

Fue a inicios de septiembre de 1323 cuando la Virgen María se apareció en España, en el valle de Guadalupe, al pastor que buscaba una vaca perdida. Luego de encontrarla, ante su mirada se produjo una claridad tan brillante como el sol y apareció la Virgen María, de gran belleza, con sus vestiduras resplandecientes. Al verla, el pastor retrocedió sorprendido pero la Virgen le dijo: “No temas. Soy la Virgen María que, por la gracia del Altísimo, he concebido en mi seno al Hijo de Dios vivo. Lleva tu vaca junto a las otras y vuelve a Cáceres. Di de mi parte a los curas de la ciudad que vengan a este lugar y que busquen en el sitio donde apareció el animal. Allí encontrarán una imagen mía. Tienen que sacarla de debajo de la tierra, pero no trasladarla, porque esa es mi voluntad. Que preparen un refugio para protegerla y, llegado el momento, construyan una gran morada a la que vendrán gentes de todo el mundo a causa de los milagros que obrará el Todopoderoso por mi intercesión. Se atenderá cuidadosamente a los peregrinos y yo me encargaré de proporcionar siempre las limosnas para los pobres”.

Al término de la visión, el pastor se sintió lleno de gracia, pero al llegar a su casa se encontró con que su hijo menor había muerto y con todo dispuesto para enterrarlo. Él, que llevaba a la Virgen en su corazón, oró en voz alta: “¡Oh, Madre de Dios! Para que se lleve a cabo la misión que me has encomendado es necesario algo más que la palabra de un pastor. Haz que tu Hijo haya permitido la muerte del mío para, reviviéndolo, probar que digo la verdad. Te suplico, haz que reviva mi hijo y que su nueva vida sea la prueba de tu mensaje. ¡Oh, Madre de Dios, no desoigas mis palabras!”. De inmediato, el niño se quitó el sudario y pidió que lo llevaran al lugar de la aparición. Los testigos acudieron a Cáceres para informar ambos prodigios a los sacerdotes.

Los canónigos de Cáceres, luego de comprobar que el vidente era un hombre confiable y bueno, formaron una comisión para acudir a Guadalupe. Tras recorrer 72 kilómetros, comprobaron que el terreno no hubiese sido objeto de excavaciones previas e iniciaron la excavación hasta descubrir una caja de mármol con forma de sepulcro antiguo. En su interior hallaron una escultura de la Virgen, tallada en madera oscura, de un metro, cubierta con un manto rojo. La imagen lleva un collar y una cruz de oro con una esmeralda incrustada. En la mano derecha sostiene un cetro de cristal y en izquierda al Niño Jesús, adornado también con un collar de oro además de una corona de oro macizo, aunque no así su Madre. Dentro de la caja también se encontró otro collar y uno más de perlas, además de varias joyas y una campanita de plata que hasta hoy constituyen el “Tesoro de Nuestra Señora de Guadalupe”.

La Comisión quiso trasladar la escultura a Cáceres, pero luego de que el vidente les recordara la petición expresada por la Virgen, se edificó una primigenia ermita que quedó bajo su cuidado. En 1329 se edificó un santuario y un hospital, ambos con el nombre de Santa María de Guadalupe. Actualmente es la basílica a la que acuden más peregrinaciones después de Santiago de Compostela.

Los restos del vidente-pastor reposan en una caja de madera de ébano, bajo las losas de la basílica, en la capilla dedicada a la Virgen de Guadalupe.