Alto a la masacre abortiva

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En México se vive una masacre, la mayor de su historia, que supera las muertes perpetradas por el crimen organizado en todo el país, y también por el crimen desorganizado. Más allá de las venganzas de grupos criminales y de sus guerras territoriales, la muerte silente de cientos de miles de mexicanos que han padecido la muerte antes de nacer, ha colocado a México en una lamentable constante de asesinatos de mexicanos.

Tanto los obispos de México, como el papa Francisco, han levantado la voz con firmeza en repetidas ocasiones; sus voces han sido las de todos aquellos niños que, queriendo nacer, no lo han logrado, víctimas de una ley que solapa la irresponsabilidad de sus padres.


Al inicio de los trabajos de la CVI Asamblea Plenaria de la Conferencia del Episcopado Mexicano, el Presidente saliente, el cardenal Francisco Robles Ortega, arzobispo de Guadalajara, en sus últimas palabras todavía como Presidente de este organismo colegiado de los obispos mexicanos alzó la voz nuevamente en favor de los niños mexicanos por nacer durante el Mensaje de apertura de la Asamblea, el 12 de noviembre, al afirmar: “En el futuro inmediato todos tendremos que renovar nuestros argumentos e ideas para hacer más comprensible la necesidad de respetar el derecho a la vida desde la concepción y hasta la muerte natural”. También se refirió al verdadero matrimonio cuando sostuvo que “tenemos que lograr que aún los no creyentes redescubran la verdad, el valor y la belleza del matrimonio heterosexual” y además mencionó “la importancia de madurar en una cultura y una legislación de verdadero respeto y promoción del derecho humano a la libertad religiosa”.

Concluida la Asamblea, que eligió como su nuevo Presidente a monseñor Rogelio Cabrera, Arzobispo de Monterrey, los obispos emitieron un Mensaje dirigido al Pueblo de Dios en el que establecieron como uno de los puntos principales, que preocupan a la Iglesia y a sus fieles, la defensa de la vida humana como “el tesoro más importante que la Iglesia católica tendrá que custodiar”.

De entre las primeras palabras del nuevo Presidente de la Conferencia de los Obispos de México, se destaca su firmeza hacia el mismo asunto: “La vida comienza en el vientre materno y termina cuando Dios decide, a cualquier edad”.

Con conocimiento de que algunos parlamentarios del presidente electo de México Andrés Manuel López Obrador, insisten en presentar propuestas para legalizar el aborto en todo el país, monseñor Cabrera aseguró que “si queremos un pueblo pacificado, un pueblo en concordia, lo primero es respetar la vida en todos los momentos de la existencia  humana” y agregó: “He dicho que una decisión tan importante, que no es meramente política sino que tiene rasgos de moralidad y de ética, es necesario que se platique con el pueblo. Los legisladores no pueden encerrarse en su centro de decisiones y desde ahí decidir lo que toca a la vida de la comunidad. Que salgan a escuchar a la comunidad, son representantes del pueblo, cada distrito de nuestro país les ha dado voto para hacerlos presentes, no pueden decidir una situación tan delicada como esta: ni una persona, ni un partido, ni un congreso pueden de modo acelerado tomar decisión tan delicada para nuestro pueblo”.

Para monseñor Cabrera, los problemas de violencia que padece el país son originados por carencia de moral: “La ética y la moral deben estar en la base de todo gobierno, tienen que ser un patrimonio del pueblo y de la ciudadanía. La Iglesia católica se sabe comprometida con el Evangelio y con su misión de ayudar al pueblo, de caminar juntos hacia el cumplimiento de los mandamientos de la ley de Dios. Los obispos, los sacerdotes y el pueblo debemos volver a la buena conducta, porque hoy México está actuando en contra de la ley de Dios. Hay robos, hay mentiras, hay asesinatos, todo aquello que Dios no quiere para su pueblo ni quiere para cada persona. Hoy decíamos en la Eucarística, recordando las palabras del Apóstol san Juan, que el mandamiento consiste en amar, y amar es cumplir los mandamientos de la ley de Dios. Creo que la Iglesia católica tiene que acelerar sus procesos de formación, para que juntos vivamos la conversión hacia Dios de todo el pueblo de México”.

A pocos días de iniciar el gobierno de López Obrador, los obispos mexicanos le han enviado un mensaje contundente que el nuevo Presidente de México ha de entender y aceptar si quiere que al país regrese la paz que tanto se anhela. Si no es así, la Iglesia sabrá hacerse notar y sentir durante todo el sexenio que está por comenzar.