La santa Cofia

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Como parte de los rituales funerarios judaicos, la mandíbula del difunto solía atarse mediante vendas o lienzos de tela, a manera de diadema, conocidos como pathil, para mantener cerrada la boca. El Evangelio confirma que tanto san Juan como san Pedro vieron estas vendas en el Santo Sepulcro la mañana del domingo de Pascua: “Se inclinó y vio las vendas en el suelo; pero no entró. Llega también Simón Pedro siguiéndole, entra en el sepulcro y ve las vendas en el suelo, y el sudario que cubrió su cabeza, no junto a las vendas, sino plegado en un lugar aparte” (Jn 20,5-7).


En su cristología Vida y misterio de Jesús de Nazaret, José Luis Martín Descalzo refiere que “cuando José de Arimatea llegó con el permiso para desclavar a Jesús y enterrarle, debían de ser ya las cuatro de la tarde. Tenían que darse prisa si querían hacerlo antes de que se pusiera el sol” y agrega que quienes lo desclavaron fueron José de Arimatea y Nicodemo, quienes “colocaron piadosamente el sudario sobre su rostro cubierto de vendajes”.


En su obra Jesús en su tiempo, Daniel Rops explica que “envolvieron a Jesús en los lienzos fúnebres, no era un solo paño sencillamente plegado, sino tal y como aparece netamente en san Juan (20), por lo menos dos piezas: una mortaja, el sindon, y un lienzo más pequeño, el soudarion, el sudario, colocado sobre el rostro. Incluso puede pensarse que, como para Lázaro, hubo verdaderos vendajes, pues el verbo griego deo, del que se sirve san Juan (19,40), que en francés se traduce de ordinario por “envolver”, quiere decir más precisamente unir o ligar”.


La Palabra de Dios, que encarnada en el seno virginal de María nació hombre, y siendo  voz viva de Dios anunció y predicó la salvación, quedó callada, silente; y aquellas vendas que le fueron atadas para evitar que su boca se abriese, fueron mudos testigos de la Palabra de Dios silenciada por su Pueblo al que él predicó y por la humanidad a la que redimió del pecado.


La reliquia de la tela con la que se formó la cofia como elemento funerario para la sepultura de Jesús se encuentra en la capilla de Saint-Gausbert de la catedral de Saint-Étienne de Cahors, al sur de Francia. Se trata de un lienzo de lino formado por ocho capas de gasa, cosidas una junto a otra a fin de cubrir orejas y mejillas, y con dos extremos para sujetarse bajo la barbilla. Se venera dentro de un relicario elaborado en bronce bañado de oro, en forma de una cúpula decorada con figuras de ángeles, y en cuya base se presentan las esculturas, en plata, del emperador Carlomagno, el papa Calixto II y san Didier, obispo de Cahors.


La santa Cofia estuvo en posesión de Carlomagno (emperador de los romanos del año 800 al 804), quien posiblemente la recibió de Irene (emperatriz de Bizancio del año 797 al 802) o como obsequio por parte Harun-al-Rashid (califa de la dinastía abasí, quien gobernó Bagdad del año 786 al 809). En el año 803, Carlomagno confió la santa Cofia al obispo de la diócesis de Cahors, una de las diócesis galas más antiguas, fundada en el siglo III.


Entre los varios historiadores y científicos que han estudiado la reliquia, el egiptólogo Jean-François Champollion dictaminó en 1844 que la tela es de lino egipcio característico de los primeros siglos del cristianismo. Muy recientemente, el 16 de mayo de 2019, la Curadora Honoraria del Heritage, Conservadora Honoraria del Patrimonio de Francia y especialista en la santa Cofia, Isabelle Rooryck, en el auditorio Clément Marot, de Cahors, demostró que en los rastros de sangre encontrados en el tejido de la tela se observan coincidencias sorprendentes con las huellas de sangre que contiene la Sábana Santa de Turín e informó que “se puede ver una gran mancha de sangre en el interior del lienzo que lo atraviesa en la parte inferior de la mejilla derecha, el mismo lugar donde la Sábana Santa muestra que la barba fue arrancada. También se puede ver una herida en el arco de la ceja izquierda, que puede considerarse como la misma herida que se ve en la Sábana Santa. Otras marcas de sangre más pequeñas muestran las heridas infligidas por una corona de espinas”.


Con ocasión del IX aniversario de la edificación de la catedral de Cahors, en el marco de las celebraciones convocadas por el alcalde Jean-Marc Vayssouze-Faure, el 27 de abril de 2019 la santa Cofia salió de la catedral, luego de 900 años, para venerarse en una solemne procesión por las calles de la ciudad.