Anillo nupcial de la Virgen María

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El amor entre la Virgen María y san José es un misterio de amor verdaderamente grande, pues ella, siendo superior a él por su Concepción Inmaculada, al ser desposada, el amor de José la hizo suya hasta el grado de que él pudo participar, más que nadie en el mundo, de su grandeza y santidad. Así, el matrimonio de amor entre José y María prefiguraba ya el matrimonio entre Cristo y la Iglesia. La Sagrada Escritura afirma que “por eso deja el hombre a su padre y a su madre y se une a su mujer, y se hacen un solo ser” (Gn 2,24); luego entonces, José y María fueron siempre como un solo ser.

María era la prometida de José, y según el derecho judío el compromiso significaba ya un vínculo jurídico entre ambos, de modo que María podía ser llamada esposa de José aunque aún no se hubiese concretado el acto de recibirla en su casa con el que se completaba la comunión matrimonial. Como prometida, la mujer judía seguía viviendo en el hogar paterno y se mantenía bajo la potestad de su padre, pero al cabo de un año tenía lugar la celebración del matrimonio y el cambio de casa.

Una antigua tradición asegura que el anillo nupcial de la Virgen María fue obsequiado al apóstol san Juan por ella misma poco antes de su tránsito al Cielo.


El anillo se conserva en la capilla del Sancto Anello de la catedral de Perugia, región de Umbría, Italia. Tallado en piedra de cuarzo calcedonio de color verde claro translúcido, pende, mediante una cadenita, de una corona de plata dorada incrustada por piedras preciosas, contenido en un precioso relicario, obra de los orfebres de Perugia Bino di Pietro y Federico Cesarino del Roscetto, y está bien protegido por dos cajas fuertes, una de madera y otra de hierro, colocadas en una cámara a ocho metros por encima del altar, y protegidas por un frontal de madera. Para abrirlas son necesarias 14 llaves, siete de las cuales se conservan por el Ayuntamiento, cuatro por los canónigos de la Catedral, una por el arzobispo, una por el Noble Colegio del Cambio y una por el Colegio de la Mercancía.

Los primeros documentos que hacen mención del anillo, del siglo III, refieren que perteneció a la mártir santa Mustiola; y por el códice del siglo XI, conservado en la Biblioteca Angélica de Roma, descubierto por el padre Juan Crisóstomo Trombelli quien lo transcribió en el año 1765 en su obra Mariae sanctissimae vita ac gesta cultusque illi adhibitus, se sabe que el anillo llegó a Chiusi, región de Toscana, Italia, en el año 985 junto con varias joyas que el orfebre Ranieri le compró en Roma a un judío comerciante de joyería por encargo de Judith, sobrina del emperador Othón III y esposa de Hugo Tuscia, duque de Toscana. En agradecimiento por la buena venta, el judío le obsequió el anillo que, aunque de modesta apariencia, le aseguró que durante siglos había pertenecido a su familia y que se trataba del anillo nupcial de la Virgen María. El orfebre Ranieri no le creyó, y de regreso a Chiusi lo guardó en una caja en la que quedó olvidado.

La comprobación de la autenticidad del anillo procede del Cielo y de la Virgen misma que se manifestó prodigiosamente en los funerales del hijo del orfebre Raniero, quien en el féretro se irguió, abrió los ojos y habló para decir que a las puertas del Cielo la Virgen María le dijo que el anillo sí era de ella y que debía ser colocado en la iglesia de santa Mustiola y expuesto a los fieles, y que luego de cumplirse podría regresar al cielo. Así fue cómo, desde el año 989 el anillo se colocó en la iglesia.

En 1251, por seguridad, se trasladó fuera de las murallas de la ciudad de Chiusi, a la iglesia de san Secondiano, y en 1420 se cambió a la iglesia de san Francisco, donde estuvo hasta 1473 cuando lo robó fray Winter de Maguncia para llevarlo a Alemania, su país de origen. Durante su huida, una espesa niebla lo obligó a quedarse en Perugia, donde, arrepentido del robo, lo confió a su amigo Lucas delle Mine quien a su vez lo entregó a la autoridad del Sacro Imperio Romano en el Palacio de los Priores, donde se conservó hasta 1488, año en el que se terminó la construcción de la catedral a la que se trasladó para colocarse en la capilla del Sancto Anello, dedicada a san José, donde se venera hasta ahora.