Casa de la sagrada Familia en Egipto

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Created on Tuesday, 17 September 2019 11:48
Written by Roberto O´Farrill
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San Juan Crisóstomo, Padre de la Iglesia, nos lleva a la meditación de la Sagrada Familia en su huida a Egipto guiada por san José: “¡Admiren una vez este acontecimiento maravilloso! Palestina persigue a Jesús y Egipto lo acoge y lo salva de sus cazadores. Y entonces, el ángel ya no se le aparece a María sino a José y le dice: -Levántate, toma al niño y a su madre. Ya no dijo como antes lo hizo toma a tu esposa, sino toma a su madre, porque ahora, luego del nacimiento, José había dejado de dudar, y creía firmemente en la verdad del misterio. Por lo tanto, el ángel le habla con mayor libertad, sin llamar a Jesús su hijo, y María su esposa, sino diciendo toma al niño y a su madre, y huye a Egipto. Y le explica incluso la razón de la huida, agregando: -porque Herodes va a buscar al niño para matarlo. José no se impresiona al escuchar estas palabras. No le dice al ángel que esa huida le parece inexplicable, ya que hacía poco el ángel le había dicho que el niño habría de salvar a su pueblo, y ahora parecía que era incapaz de salvarse a sí mismo. ¿Acaso, esta huida, este viaje y esa migración a un lugar lejano no se contradecían con la promesa que le había hecho el ángel mismo? Sin embargo, José permanece en silencio ante todo esto, porque era un hombre de fe”.

 

Aquella incursión a tierras ajenas, con sus viajes recorriendo más de dos mil kilómetros, tanto de ida como de vuelta, no fue nada sencillo teniendo cómo único medio de transporte a un dócil burrito y una barca para cruzar el gran río Nilo, además de los pies de san José. Ellos soportaron el cansancio extremo, inclemencias del tiempo, hambre y sed, y la angustia de la persecución, pero hicieron la voluntad de Dios expresada por el ángel: “Levántate, toma contigo al niño y a su madre y huye a Egipto” (Mt 2,13).


Ya en Egipto, durante tres o cuatro años san José trabajó entre desconocidos y tuvo que adaptarse a una cultura extraña, en este lugar de nuestro mundo que es una reliquia conservada con veneración porque aquí es donde el Niño Jesús dio sus primeros pasos y donde comenzó a hablar.


San José encontró un lugar para establecerse en la ciudad del Cairo, cerca de donde estuvo la fortaleza romana de Babilonia, en una casa de la que hasta ahora se conservan vestigios arqueológicos y sobre la que se edificó una primigenia iglesia a finales del siglo V que fue afectada por el incendio del barrio de El-Fustat ocurrido en el año 750, por lo tuvo que ser reconstruida, y desde entonces intervenida en varias ocasiones con restauraciones desde la época medieval y hasta nuestros días.


Esta iglesia, llamada de San Sergio, y conocida como Abu Sirga, además de encontrarse sobre la casa de la Sagrada Familia, se dedicó a los santos mártires del siglo IV, san Sergio y san Baco; uno de ellos, un cristiano egipcio que murió junto con toda su familia durante la persecución romana; y el otro, un esclavo del emperador romano Maximiano que murió mártir por profesar la fe en Jesucristo. Cada año el día 24 de Bachons (mes del calendario copto), que corresponde al 1 de junio del calendario gregoriano, los cristianos egipcios conmemoran con una misa y cánticos la llegada de la Sagrada Familia a Egipto.


La iglesia de planta basilical de tres naves, mide 29.9 metros de largo por 18.97 de ancho. La nave central, cubierta en su exterior por un tejado doble, alcanza los 15.4 metros, y las naves laterales, revestidas con tejados planos horizontales, miden 6.25 metros de altura cada una. Cuenta con tres cúpulas y su acceso principal se ve precedido por un nártex que predispone al encuentro con lo sagrado.


Al interior, las naves están separadas por dos filas de seis columnas, once de ellas talladas en mármol blanco y una en granito rojo, decoradas con exquisitos iconos, de los siglos XV y XVI, que presentan escenas de la vida de Jesucristo, de la Virgen María y de santos.

El ábside se recubrió con mosaicos de mármol, y el púlpito, que originalmente fue de madera, se reemplazó por uno de mármol con incrustaciones de ébano y marfil.

Una estrecha escalera de piedra caliza da acceso al subterráneo donde estuvo la casa de la Sagrada Familia, consistente en un espacio de dos habitaciones con techo abovedado sostenido por varias columnas, habilitado hoy como capilla con altar celebrativo.