Cabellos de la Virgen María

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No existen en nuestro mundo reliquias procedentes del cuerpo de la Virgen María debido a que ella fue elevada en cuerpo y alma a la gloria celestial por voluntad y por una gracia especial querida por Dios. Así lo establece la Constitución Dogmática Lumen Gentium del Concilio Vaticano II en su numeral 59: “Finalmente, la Virgen Inmaculada, preservada inmune de toda mancha de culpa original, terminado el decurso de su vida terrena, fue asunta en cuerpo y alma a la gloria celestial y fue ensalzada por el Señor como Reina universal con el fin de que se asemejase de forma más plena a su Hijo, Señor de señores (cf. Ap 19,16) y vencedor del pecado y de la muerte”.

La Asunción de la Virgen María es Dogma de Fe proclamado por el papa Pío XII, el 1 de noviembre de 1950, en la Constitución Munificentisimus Deus con estas palabras: “Pronunciamos, declaramos y definimos ser dogma divinamente revelado que la Inmaculada Madre de Dios y siempre Virgen María, terminado el curso de su vida terrenal, fue asunta en cuerpo y alma a la gloria del cielo”.


En referencia a la Asunción de la Virgen María, en cuerpo y alma, el papa santo Juan Pablo II, durante la Audiencia General del 2 de julio de 1997, explicó: “El dogma de la Asunción afirma que el cuerpo de María fue glorificado después de su muerte. En efecto, mientras para los demás hombres la resurrección de los cuerpos tendrá lugar al fin del mundo, para María la glorificación de su cuerpo se anticipó por singular privilegio” y luego recordó que “la definición del dogma, de acuerdo con la fe universal del pueblo de Dios, excluye definitivamente toda duda y exige la adhesión expresa de todos los cristianos”.

El obispo san Germán de Constantinopla (635-733), en sus célebres escritos quiso poner en labios de Jesús, que se prepara para llevar a su Madre al cielo, estas significativas palabras: “Es necesario que donde yo esté, estés también tú, madre inseparable de tu Hijo” (Hom. 3 in Dormitionem: PG 98, 360), agrega que el amor de Jesús a su Madre exige que María se vuelva a unir con su Hijo divino en el cielo “Como un niño busca y desea la presencia de su madre, y como una madre quiere vivir en compañía de su hijo, así también era conveniente que tú, de cuyo amor materno a tu Hijo y Dios no cabe duda alguna, volvieras a él. ¿Y no era conveniente que, de cualquier modo, este Dios que sentía por ti un amor verdaderamente filial, te tomara consigo?” (Hom. 1 in Dormitionem: PG 98, 347) y concluye que “era necesario que la madre de la Vida compartiera la morada de la Vida” (ib.: PG 98, 348).

Aunque por su asunción corporal a los cielos no existen reliquias del cuerpo de la Virgen María en la tierra, sí se conservan, por ventura de Dios, algunos de sus hermosos cabellos en diversos sitios de nuestro mundo. En Roma, en las basílicas de Santa María la Mayor, de la Santa Cruz de Jerusalén, de santa Catalina de Siena, y en la iglesia de santa María de Campitelli; y también en la catedral de Messina, en Sicilia.

En Alemania se veneran en Emmerich am Rhein, Westfalia, enviados allí por los papas san Gregorio Magno, cuyo pontificado fue del año 590 al 604 y Sergio II, cuyo pontificado fue del año 844 al 847; en la abadía de san Eucharius y san Matthias, en Treveris; en la iglesia de san Paulino, en Trier; en la abadía cisterciense de Himmerode; y en el monasterio benedictino de Prüfening, en Regensburg.

En España se encuentran en el monasterio benedictino de San Pedro de Arlanza, Burgos; en la Cámara Santa de la catedral de Oviedo, Asturias; y en la catedral de Valencia, donde se conserva un curioso relicario en la Capilla de las Reliquias, ubicada al fondo del Aula Capitular, dentro del armario central de los tres grandes armarios que conservan las reliquias de la catedral desde 1437, enviadas allí por disposición del rey Alfonso V de Aragón. Conocido desde siglos como Peine-Relicario, consiste en una cajita plana con 22 finos dientes en cada uno de dos de sus extremos, a manera de peine; mide 13 por 8 centímetros, está elaborado en oro con incrustaciones de piedras preciosas y en su interior resguarda varios cabellitos de la Virgen María.

También se sabe de otros relicarios que contienen cabellitos de la Virgen en el convento agustino de Ranshofen, Austria y en la catedral de Linköping, la segunda diócesis más antigua de Suecia.