Imagen Acheropita del Salvador

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En Roma se localiza un lugar que es único de la Urbe porque se presenta a sí mismo como el sitio más santo del mundo. A quienes allí acuden, a lo que fuese la Capilla Privada de los papas y Archivo Secreto Pontificio, les suele suceder lo que a los discípulos que no reconocieron a Jesús Resucitado en camino hacia Emaús, como afirma san Agustín (354-430), Padre de la Iglesia: “Algo había sucedido a sus ojos que permitió esa situación hasta la fracción del pan, por algún misterio, de modo que se les mostrase bajo otros aspectos y así no lo reconociesen sino en la fracción del pan. En atención a su mente, que aun ignoraba que Cristo muriese y resucitase, sus ojos padecieron algo semejante; no se trata de que engañase la verdad, sino de que ellos mismos eran incapaces de percibirla”.


Esta capilla se ubica, a su vez, dentro de la capilla de la Sancta Scala que contiene la escalera del Pretorio, de Jerusalén, donde el Señor fue juzgado por Poncio Pilato, y que santa Elena, madre del emperador Constantino llevó a Roma junto con tres pórticos de mármol también del Pretorio. La Escalera Santa da acceso en su parte superior a la capilla de San Lorenzo del palacio Lateranense, antigua sede apostólica, donde en su arquitrabe se lee la inscripción Non est in toto sanctior orbe locus o No existe en el mundo lugar más santo, pues se refiere al Sancta Sanctorum de Roma, como indican las iniciales al centro de una caja de madera de ciprés que hizo elaborar el papa León III: SCA SCORVM, o Sancta Sanctorum, para colocarse debajo del altar de la capilla con las principales reliquias de la Urbe en su interior, reliquias que posteriormente fueron trasladadas al Vaticano.


El Sancta Sanctorum de Roma es el lugar más santo del mundo por las reliquias que allí se veneraron durante siglos y por dar resguardo, entre dos columnas de pórfido, al icono de Cristo Salvador conocido como Acheropita o No hecho por mano humana, pues aunque su elaboración se atribuye a san Lucas, fue perfeccionado por intervención de ángeles y posteriormente embellecido por la devoción humana. La imagen es una pintura, con base de cera, plasmada sobre tela de lino fijada a un tablón de 143.5 x 56.8 centímetros.


Esta imagen de Cristo sedente, la más venerada y una de las más milagrosas de Roma, ha sido sometida a repetidas restauraciones y enriquecida con elementos añadidos. Durante el pontificado de Alejandro III (1159-1181), el rostro se cubrió con un lienzo de seda pintado igual que el original y rodeado por un nimbo de oro; con el papa Inocencio III (1198-1216) se cubrió totalmente, salvo el rostro, con lámina de plata adornada profusamente con piedras preciosas, esmaltes e imágenes de los santos cuyas reliquias se conservaron en la capilla; entre los siglos XIV y XVII, a la pieza de orfebrería de plata se le abrieron orificios con puertecitas en las manos, costado y pies del icono para besarlos y ungirlos; y a finales del siglo XX, el rostro, de grandes ojos, se protegió con un cristal.


El arribo del icono a la Urbe es milagroso, pues en el año 730 Germán I, patriarca de Constantinopla, para rescatarlo del embate iconoclasta lo envió al papa Gregorio II con una carta explicativa del peligro, y lo arrojó al mar confiándoselo a las olas que milagrosamente lo llevaron a Roma en 24 horas, a las orillas del río Tíber, de donde lo tomó el Papa tras una revelación.


El sagrado icono se colocó en el Sancta Sanctorum durante el pontificado de Esteban II (752-757), y fue sacado en procesión, cargado por el Papa para implorar su protección ante la invasión longobarda. Desde entonces, el icono procesionaba en las fiestas marianas hasta que León IV (847-855) estableció una única y solemne procesión en la festividad de la Asunción de la Virgen María, cuando en la noche del 14 de agosto, la imagen Acheropita salía en procesión con antorchas, del palacio lateranense hacia la basílica de Santa María la Mayor, para encontrarse con su madre la Virgen María en la iglesia que resguarda el icono de la Virgen Salus Populi Romani o Salud del pueblo romano.


El emocionante encuentro del Hijo con su Madre mediante ambos iconos fue suprimido bajo el pontificado de san Pío V (1566-1572) debido a trastornos en el orden público, pero con Sixto V (1585-1590) la capilla de san Lorenzo se abrió a los fieles para que luego de subir de rodillas la Escalera Santa puedan venerar la imagen Acheropita del Salvador.