Limosnero del Cielo

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Created on Tuesday, 21 December 2010 17:43
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En el tiempo de Navidad, en 1895, en su convento de monjas Carmelitas Descalzas, en Lisieux, Francia, Teresa del Niño Jesús y de la Santa Faz, revestida toda del amor de Dios, escribió a sus hermanas de hábito, las demás monjas del convento, unas letras que son representación plena del misterio de la Navidad.

Santa Teresita escribió lo siguiente: “Almas, ¡que el amor os queme, al ver que el Dios inmortal se hace mortal por vosotras!”.

Esa delgada línea de escritura resume, en efecto, el misterio de la Natividad de Dios que nace niño. En Navidad el Creador se hace creatura, el Eterno se hace temporal, el Absoluto se hace histórico, Dios se hace hombre, el Inmortal se hace mortal; y todo esto lo hace por su creatura.

En un siguiente renglón, en otra breve línea, Santa Teresa de Lisieux pudo representar con unas cuantas palabras el significado de este misterio de Navidad, cuando ella escribió, en una recreación piadosa, la siguiente expresión: “¡Oh, conmovedor misterio! ¡Viene a pediros limosna el que es Dios, el Verbo eterno!”.

Aquella joven monja, pequeña en edad, pero grande en amor y en amar, que vivió una breve vida de sólo 24 años, hoy es Santa, Doctora de la Iglesia, Patrona de Francia y Patrona de las misiones.

Teresa Martin Guerin ingresó al Carmelo de Lisieux a los 15 años y murió 9 años después, pero allí se encontró personalmente con Dios que se hace niño, con Dios que viene radiante de amor. Se encontró con Dios que se hace mortal, con Dios que pide limosna en la noche de Navidad, con nuestro Dios a quien ya le conocemos muy de cerca porque vino a nosotros como un limosnero del Cielo.


Santa Teresa del Niño Jesús escribió esa recreación piadosa a la que llamó “El divino pequeño mendigo de Navidad pidiendo limosna a las Carmelitas” en la que narra cómo un ángel aparece llevando al Niño Jesús en sus brazos mientras canta lo siguiente: “En el nombre del que adoro os tiendo, hermanas, la mano, y canto por este Niño que todavía no habla. Para este Niño Jesús, el desterrado del Cielo, sólo he encontrado en el mundo indiferencia profunda. Por eso vengo al Carmelo. Que todas vuestras caricias, alabanzas y ternuras sean para el Niño Dios. ¡Almas, que el amor os queme, al ver que el Dios inmortal se hace mortal por vosotras! ¡Oh conmovedor misterio! ¡Viene a pediros limosna el que es Dios, el Verbo eterno!”.

Luego del canto, el ángel deposita al Niño Jesús en el pesebre y presenta a la Madre priora, y luego a las demás Carmelitas, una cestita llena de papeletas que contienen escrita cada una de las limosnas que el Niño ha venido a pedir; cada religiosa toma una al azar, y sin abrirla se la entrega al ángel, que canta la limosna pedida por el Niño. Esas limosnas son las siguientes. Un trono de oro, leche, pajarillos, una estrella, una lira, rosas, un valle, segadores, un racimo de uvas, una hostia pequeña, una sonrisa, un juguete, una almohada, una flor, pan, un espejo, un palacio, una corona de lirios, bombones, una caricia, una cuna, pañales, fuego, un pastel, miel y un cordero.

Cuando el ángel termina de cantar y explicar cada una de las limosnas que Jesús ha pedido, lo toma del pesebre, lo carga en sus brazos y canta lo siguiente: “Os da las gracias el Niño, va encantado de los bellos regalos que le habéis hecho, y en el Libro de la vida los pondrá con vuestros nombres. Ha encontrado sus delicias Jesús en vuestro Carmelo. Para pagar sacrificios, los sacrificios que hacéis, este Niño tiene un Cielo. Si fieles permanecéis en contentar a este Niño, alas os dará de amor para el más sublime vuelo. Un día en la santa patria, pasado ya este destierro, a María y a Jesús veréis. ¡Así lo deseo!”

Esas son las limosnas que Santa Teresita vio que el niño Jesús venía a pedirles a ella y a sus hermanas de hábito. Conozco de otra limosna que se le ofrece en un villancico, es un tambor que trae otro niño que no tiene otra cosa que darle más que tocar su tambor.

En esta Navidad yo me uno a estas limosnas y he de buscar qué darle a este pequeño niño Jesús ahora que es su cumpleaños. Lo voy a arropar, eso sí, pero en mis brazos como lo hizo el ángel que vio Santa Teresita. También le regalo este escrito que hice para Él y para quienes quieran darle otra limosna en Navidad.