Profecías Pandemia

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A las razonables suposiciones surgidas a causa de la pandemia del Coronavirus, en torno al inicio de la Gran Tribulación profetizada por Jesucristo, o si esta epidemia es apocalíptica, o si el cierre de iglesias y la prohibición de misas públicas corresponden a la “Abominación desoladora” del discurso escatológico en Mc,13, la respuesta precisa es que no es así, aunque, en efecto, las epidemias serán una señal en la Gran Tribulación, reveladas en el Apocalipsis como el cuarto sello correspondiente al caballo amarillo del cuarto jinete portador de plagas y muerte.

Esta pandemia no está representada por el cuarto jinete del Apocalipsis, que hará su aparición luego de los tres primeros, que son la guerra, del jinete rojo; el hambre, del jinete negro; y el engaño mundial del anticristo, del jinete blanco; que corresponden a los primeros tres sellos del Apocalipsis.


Jesucristo profetizó a sus discípulos que hacia el Fin de los Tiempos “se levantará nación contra nación y reino contra reino” (Mc 13,8) como señal de lo que será apenas el comienzo de los dolores de alumbramiento, guerras que son descritas en el capítulo 38 de Ezequiel, cuando Rusia y un grupo de naciones árabes se lancen contra Israel, como indicio de lo primero que habrá de ocurrir, antes de que la Gran Tribulación empiece. Será después cuando vengan el hambre, o crisis económicas; y las plagas, o epidemias, a consecuencia de la guerra. Así será el Fin de los tiempos, “y todas las naciones verán el juicio que voy a ejecutar y la mano que pondré sobre ellos” (Ez 39,21). Luego iniciará el Reino de Cristo en la tierra, “y su reino no tendrá fin” (Profesión de Fe).


Con respecto a la celebración de la santa Misa, es el profeta Daniel quien revela que la supresión del sacrificio ocurrirá hasta tres años y medio después del inicio de la Gran Tribulación; supresión que será perpetrada personalmente por el anticristo.

 

Hasta ahora, no hay signos que indiquen que haya comenzado el periodo profetizado en el Apocalipsis, aunque sí son signos, estos, que llaman a la responsabilidad humana de prepararse espiritualmente para enfrentar sucesos que ciertamente habrán de ocurrir.

La existencia del Coronavirus es real, y lo que sí está sucediendo ahora, y que puede afirmarse por el manejo político mundialista del que es objeto esta pandemia, es que la opinión pública está siendo objeto del esquema Problema-Reacción-Solución con la pretensión de llegar al objetivo de la aceptación unánime de las soluciones que se propongan.

 
Este mecanismo de ingeniería social se aplicó a partir del 11 de septiembre de 2001 cuando al mundo se le hizo creer que los ataques contra las Torres Gemelas de Nueva York fueron perpetrados por el grupo terrorista Al Qaeda, aunque luego se supo que realmente fue patrocinado por agencias de seguridad e inteligencia occidentales con el oscuro objetivo de imponer a todos un antiterrorismo con autoritarios controles en aeropuertos e internet.

Luego de que se suprimieron libertades a cambio de seguridad, ahora la Reacción y Solución consistirá en eliminar libertades a cambio de salud, para lo que ya se impusieron medidas de tipo dictatorial sobre la población.

Los escenarios de una pandemia provocada por cualquier virus ya fueron analizados y programados desde hace años, como lo refiere el documento de 2010 de la Fundación Rockefeller; y planeados en su manejo mediático en el foro de Davos en enero de 2020. Incluso, el ejército chino ensayó simulacros para contener a la población, desde antes de que apareciera el virus.

Sin Coronavirus, en 2020 irremisiblemente ocurrirán 60 millones de muertes, por sarampión, diabetes, hambre, fumar tabaco, beber alcohol y consumir drogas, pero esto no provoca pánico como el que ya prevalece por una sola causa: COVID-19.

Hoy se vive un pavor inducido con objetivos que no son claros, posiblemente para colapsar economías y enriquecer la cúpula piramidal del poder mundial. De seguir así, en breve no habrá muertos por infección, sino por hambre. Por tanto, es apremiante un plan de emergencia económica para México, además de las medidas de salud necesarias, pues muchos gobiernos ya han anunciado variados paliativos fiscales para familias y empresas a fin de empujar la economía. Los pronósticos económicos son de miedo, pues tras una crisis y una recesión, que normalmente puede durar de 6 a 14 meses, la recuperación enfrentará un choque de oferta en la interrupción temporal de las cadenas de suministro.

Hasta ahora, y en tanto que el gobierno de México no anuncie un programa fiscal emergente, no se podrá detener la recesión ni comenzar la recuperación; así que prevalece una pregunta todavía sin respuesta: ¿Qué estamos esperando…?