Pensamiento Social Cristiano en la pandemia

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La pandemia provocada por el Coronavirus, que por su alto impacto en la población mundial ha sacado lo mejor del ser humano, aunque en algunos ha sacado lo peor, entre las personas de buena voluntad ha sido ocasión de dirigir la mirada hacia quienes más duramente son víctimas de este sufrimiento, sea por salud, desamor y abandono, trabajo, economía, incertidumbre o desesperanza.

Muchas o pocas, las almas que han sido movidas por un corazón noble se han solidarizado con sus empleados o con sus empleadores, con sus arrendatarios o arrendadores, con los necesitados, los pobres, los niños y ancianos, y así, han dado razón de nuestra Fe en Jesucristo. Otros, muchos o pocos, tienen la intención de ayudar, pero no saben cómo hacerlo.


La Doctrina Social de la Iglesia enseña cómo aplicar el Evangelio en los ámbitos de la vida cotidiana que se relacionan con economía, política, relaciones interpersonales y con la generación y desarrollo de la comunidad. Esta enseñanza, que se sustenta en el Evangelio, en el Magisterio de la Iglesia y en el Pensamiento Social Cristiano, se dirige objetivamente a la dignidad de la persona humana como un ser creado a imagen y semejanza de Dios, a la igualdad de dignidad entre todas las personas, a la solidaridad, la subsidiariedad, el bien común, el destino universal de los bienes, a la autoridad y a la participación. La solidaridad se refiere a la solución de los problemas de manera conjunta, no individual; la subsidiariedad consiste en que las instancias mayores no hagan lo que las instancias menores pueden hacer por sí mismas; el bien común busca que todos, a través de las propias acciones, se beneficien; la participación enseña que en la sociedad, así como todos son responsables de lo que sucede, así también todos deben participar en las soluciones.


La Doctrina Social de la Iglesia provoca reflexionar y actuar a partir de un Pensamiento Social Cristiano que, con ocasión de la pandemia mundial por el Coronavirus, propone las siguientes once acciones concretas para los creyentes en Jesucristo:


-Interpretar este acontecimiento a la luz de la fe para darle un significado y un sentido, pues todo tiene una causa, y esta es una oportunidad de conversión para ser mejores personas, mejor sociedad y mejor humanidad.


-Evitar ser parte del problema, no incrementarlo y evitar el pánico, cuidándose a sí mismo y cuidando a los demás.


-Cuidar los bienes y el patrimonio, evitar los gastos innecesarios o superfluos y proteger la salud, tanto física, como mental.


-Asistir a los pobres y a los nuevos pobres, que son los desempleados, compartiendo con ellos lo que la providencia de Dios ha puesto en nuestras manos.


-Hacer promoción humana con uno mismo, y con el prójimo, desarrollando nuevas capacidades, talentos y formas de trabajar para obtener ingresos.


-Provocar que las instituciones de gobierno funcionen, y que funcionen bien, pues deben desempeñarse como formas estructuradas para solucionar los problemas comunes y colectivos.


-Exigir a los gobiernos, federal y locales, la implementación de las medidas extraordinarias a su alcance para mantener la salud, la seguridad social, la planta productiva, el trabajo productivo y la generación de riqueza.


-Los actores económicos, pequeños, medianos y grandes empresarios, deben esforzarse en diseñar medidas extraordinarias para mantener el empleo y la producción de los bienes que requiere la sociedad.


-Organizarse como sociedad civil para atender las necesidades que el gobierno y la iniciativa privada no alcanzan a proteger, como son los grupos de ancianos, discapacitados, migrantes, desempleados, niños enfermos sin medicamentos y personas que sobreviven en situación de calle.


-Conservar la esperanza y propagarla con buen ánimo y fortaleza, ante tantas dificultades, con el objetivo de evitar la depresión personal, así como la depresión social.


-Mantener la vida de oración y frecuentar la participación en los sacramentos, a fin de elevar el espíritu, conocer la voluntad de Dios y depositar toda la confianza en su providencia.


La Doctrina Social de la Iglesia se resume en que el único sentido que puede tener la vida de una persona es otra persona, no los títulos universitarios, ni el dinero, ni las propiedades, la juventud ni la salud, sino la otra persona en concreto, y si esa persona es alguien menos favorecido, tanto mejor.


El método que utilizan la Doctrina Social de la Iglesia y el Pensamiento social Cristiano, consiste en Ver, Juzgar y Actuar. Ver la realidad de lo que sucede, juzgar desde el Evangelio y actuar desde la voluntad de Cristo. Ahora, si observamos nuestro entorno, encontraremos a los afligidos, y descubriremos que se encuentran más cercanos a nosotros de lo que nos habíamos percatado.