Pandemia, crisis profunda

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Con ocasión de la celebración de su CIX Asamblea Plenaria, los obispos de México dirigieron un Mensaje a todos los fieles creyentes, fechado el 12 de noviembre, en el que presentan la dramática situación que se vive en el país.

Este Mensaje, los obispos lo presentaron “en medio de una crisis profunda, acentuada por la pandemia del COVID-19, que llegó de manera inesperada, mostrando la fragilidad de las estructuras del país. Después de varios meses de prueba, parecía que había pasado lo más grave de la crisis, que habíamos tocado fondo y que volvíamos a una nueva realidad; sin embargo, cada día aumentan los contagios y las muertes: son amigos, familiares, fieles, en muchos casos personas que tenían una responsabilidad familiar, social o pastoral”.


Los obispos presentan la situación por la que atraviesa la sociedad mexicana, no solamente marcada por la pandemia, sino por muchas sombras que se han instalado para oscurecer la realidad social: “La crisis ha afectado todos los campos de la vida: una economía en decrecimiento y muchas empresas en quiebra; el sistema de salud con pocos recursos, con graves deficiencias; la realidad política de una democracia incompleta, con resentimiento social; un sistema educativo débil; la violencia se ha incrementado. A esta situación, de suyo compleja, se suman los hechos constantes del narcotráfico y el crimen organizado, de las ideologías contra la vida que siembran desesperanza y descalificaciones. El cansancio, la soledad y desesperación aumentan cuando hay carencia de alimentos y medicamentos”.


En efecto, en México se vive una crisis profunda agravada por la pandemia; pero los obispos también mencionan señales de esperanza: “Sin embargo, estas sombras, unidos a Cristo resucitado se transforman en signos de esperanza: tantos hermanos que, aun en circunstancias de riesgo y miedo, como son médicos, enfermeros y enfermeras, personal de limpieza, cuidadores, voluntarios, familias, empresas, sacerdotes, religiosas, diáconos, agentes de pastoral, en un servicio generoso en distintas actividades, son manifestaciones de la conciencia de ser familia, comunidad, de que vamos en la misma barca y nos ayudamos unos a otros”.


Los obispos saben que esperamos acciones concretas por parte de ellos, particularmente  en esta crisis, y lo expresan: “Como pastores, queremos ser responsables de caminar con ustedes, Pueblo de Dios, que esperan de nosotros una especial valentía profética frente a las circunstancias actuales de nuestro país, y quieren ver en nosotros un testimonio humilde y sencillo de cercanía auténtica. Queremos dar una palabra de consuelo: Que todos nuestros espacios eclesiales sean verdaderos oasis de misericordia. El trato respetuoso, la palabra amable, la escucha paciente, la preocupación sincera por el sufrimiento del otro, son lugares privilegiados para testimoniar la redención de Jesucristo. También queremos dar una palabra de esperanza: El Reino de Dios no es sólo una promesa futura para después de la muerte, sino una realidad que ha comenzado ya en la persona de Jesús. Esta realidad tiene valores concretos que pueden descubrirse en la vida de la comunidad: en los pequeños pasos que se dan en una familia para vivir el amor y la paz, en los logros de los grupos humanos por tener sociedades más justas y fraternas”.


Como creyentes, mucho nos preguntamos cómo hemos de actuar en medio de esta crisis. Los obispos, parecen responder que debemos hacerlo “descubriéndonos y valorándonos como hijos del mismo Padre, favoreciendo el encuentro, el diálogo, la convivencia y solidaridad en actitudes fraternas marcadas por el perdón, el amor, la justicia y la paz” y agregan que es “urgente establecer tareas específicas en el campo de lo social: para los pobres y con los pobres, con el mundo del trabajo, con los empresarios, para la promoción de un desarrollo sustentable y socialmente responsable, incorporando la Doctrina Social de la Iglesia como un eje transversal en la formación de los agentes de pastoral, en las catequesis ordinarias y pre-sacramentales de todos los fieles cristianos”.


Hacia la parte final del Mensaje, los obispos de México nos proponen que “en actitud de conversión pastoral, caminemos juntos, escuchándonos mutuamente y de corazón, sobre todo escuchando al Espíritu Santo que nos conduce y sostiene” y señalan que en el ejercicio electoral que debemos concretar en las elecciones políticas el año 2021, “conozcamos y analicemos las propuestas de los candidatos a los puestos públicos y participemos con responsabilidad”.


Finalmente, como es ya tradición, los obispos dirigen su atención hacia la Virgen Madre de Dios, y madre nuestra, con estas palabras cargadas de confianza y esperanza: “Santa María de Guadalupe, que nos rescató del aislamiento y nos congregó con especial predilección para formar un pueblo, el pueblo de México, nos sostenga en este camino de encuentro solidario y fraterno”.