El Padre Rafael Checa

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Conocí al Padre Rafael Checa cuando sentí en mí el apetito de aprender a orar, el hambre de platicar con Dios, de saberle escuchar. ¿Cómo sucedió eso? Recuerdo que fue algo atractivo, resplandeciente, sereno pero profundo… eso de que Dios se haga notar, que se nos acerque, que nos busque, ¡eso es el Cielo en la tierra! Así que busqué a los carmelitas y fui a la iglesia del Carmen de San Ángel y le pedí al Padre Juan Vega (mi tío, el Padre Juanito) que me enseñara a orar. Él, contento, escribió un salvoconducto para que se lo entregara al Padre Rafael Checa, quien en aquel año de 1990 dirigía el Centro de Estudios de los Valores Humanos, A.C. en el convento de San Joaquín.

Dos semanas después, nomás llegar al convento, quedé fascinado por el aroma a paz, las visiones de santidad y las sensaciones místicas que el lugar infunde. Allí conocí los sonidos del silencio, allí me llené del aroma del incienso, allí entré en la aproximación de un hombre sabio, sencillo, humilde y santo; allí conocí al Padre Rafael. Ya no me solté de él y él jamás me dejó de su lado.

-¿Así que quieres aprender a orar…?- le oí decir con palabras acompañadas de un simpático silbido que caracterizaba el hablar del Padre Checa. -Pues primero debes aprender a callar. ¿Sabes callar Roberto? Esto es fundamental porque vas a aprender a orar en silencio, vas a conocer la oración contemplativa y para ello debes primero callar para que luego puedas escuchar a Dios porque Él susurra desde un callado silencio, nos habla desde nuestro corazón donde Él nos inhabita, el Absoluto, el Eterno que vive en nuestro interior-.

Pasados 21 años de aquel encuentro, el Padre Checa regresó a la casa del Padre celestial, a los 89 años, el pasado sábado 5 de febrero, el día de San Felipe de Jesús, a las 13:25 horas, mientras yo imponía escapularios de la Virgen del Carmen a 300 personas en una capilla. Al día siguiente le pedí al padre Rafael López López que lo tuviera en la Patena durante la Misa. -¿Al Padre Checa?- me preguntó -¡pero si ese hombre sudaba agua bendita, más que pedir por él debemos encomendarnos a él!-. El lunes 6 el Padre Provincial celebró Misa de cuerpo presente a la una de la tarde en el santuario de Nuestra Señora del Carmen, la Sabatina. El martes 7 el Padre Camilo Maccise presidió la Misa solemne a las 11:00 para luego despedir su cuerpo. La Sabatina estaba llena de frailes, de religiosas y de muchos familiares y amigos de un sacerdote santo. Hubo sonorosos aplausos, también profuso silencio. Allí me despedí en este mundo del Padre Checa.

Ignacio Checa había nacido el 13 de diciembre de 1921 en Toluca, hijo de inmigrantes libaneses. Ingresó al noviciado de los carmelitas y tomó el hábito de la Orden el 24 de septiembre de 1938 cuando tenía 17 años. Profesó el 3 de noviembre de 1939 y tomó el nombre de Rafael del Sagrado Corazón. Recibió la ordenación sacerdotal a los 23 años, el 17 de diciembre de 1944. Dirigió el Colegio Preparatorio de 1947 a 1951. Fue Superior en el Carmen de San Luis Potosí de 1951 a 1953. En 1956 fundó el Instituto Superior de Cultura Católica. En 1955 creó el periódico “Mundo Mejor” con tiraje de 60 mil ejemplares. En 1959 fundó la revista “Temas de Espiritualidad”. Fue Vicario Provincial de México de 1957 a 1963, Presidente de la Conferencia de Institutos Religiosos de México de 1960 a 1963 y de 1966 a 1967, Vicario General de la Orden, en Roma, de 1967 a 1970. En 1971 estableció la Casa de Espiritualidad y en 1973 los Cursos de Verano de Espiritualidad. Fundó el Centro de Estudios de los Valores Humanos, A.C., el CEVHAC, en 1977, cuya sede cambió en 1982 al convento de San Joaquín. Fundó la revista Horizontes. Escribió y editó varios libros, casi 20.

Cuando el Padre Checa me enseñó a orar resolvió mi anhelo de Dios, me lo hizo cercano y lo sembró en mi interior. Así conocí al Padre Checa, así conocí a mi Maestro de oración, a mi amigo, al grande impulsor de mis pequeñas cosas, al austero fraile carmelita que lograba hacer que todos nos sintiéramos grandes, queridos por él, amados por Dios. Un día me confió: -El Absoluto tiene para ti grandes planes Roberto, ¡Háblale y deja que te hable! ¡Ámalo y deja que te ame!- Y luego me dijo: “Has comenzado a orar…”. Ese día mi vida se transformó.