Evangelizar en medios digitales

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Created on Wednesday, 06 January 2021 15:55
Written by Roberto O´Farrill
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Anunciar el Evangelio es un deber de todo bautizado, que algunos no lo saben, pero que otros, en cambio, lo viven con toda la importancia de la misión que fue confiada por Jesús a todo cristiano y, que cada uno, lo sabe bien, a él de manera particular.

Si anunciar el Evangelio fuese tarea sencilla, cualquiera la haría, y no es sencillo porque se requiere de un impulso surgido del corazón que se va transformando en un fervor tan creciente que puede llegar hasta el martirio.

Fue tras el acontecimiento de Pentecostés, que Pedro y los apóstoles partieron de Jerusalén para llevar la Buena Nueva de Jesucristo a todas las naciones fundando y estableciendo iglesias y comunidades en oriente y occidente, y al paso de los siglos, con el descubrimiento del continente americano, de Europa salieron millares de misioneros inspirados por la fuerza de dar a conocer al Dios de Jesucristo a los habitantes del Nuevo Mundo.
 

Durante la Contrarreforma, la propagación de la Fe verdadera vio surgir diversas iniciativas de evangelizar en unos tiempos que, aunque nuevos, le fueron adversos a la Iglesia; y así, el siglo XVII vio surgir, en san Francisco de Sales, la gran figura del comunicador católico que supo valerse de los medios impresos para desarrollar una estrategia de comunicación masiva que bien puede considerarse como el antecedente de lo que hoy son las redes sociales, pues uniendo esfuerzos con diversas imprentas logró distribuir panfletos sobre sus catequesis, homilías y explicaciones doctrinales, casa por casa, y colocando carteles en fachadas, establecimientos comerciales y plazas públicas.
 

En 1861, bajo el pontificado de Pío IX, surgió el periódico L'Osservatore Romano como organo informativo oficioso de la Santa Sede. En 1929, a pedido del papa Pío XI, el inventor del telégrafo y de la radio, Guillermo Marconi, estableció Radio Vaticana, la primera radiodifusora del mundo. En 1983, el papa santo Juan Pablo II fundó el Centro Televisivo Vaticano como el órgano productor de contenidos de la actividad del Romano Pontífice en calidad broadcasting para la televisión mundial. Con el papa Benedicto XVI se establecieron la página web y el canal en Youtube de la Santa Sede, y a partir del pontificado de Francisco, el Papa es usuario de Twitter y de Instagram.
 

En el siglo XXI, el surgimiento de las tecnologías digitales ha permitido que toda persona pueda generar información y comunicarla al momento. En el mundo, para el año 2020, los usuarios de Facebook llegaron a ser 2,450 millones, los de Twitter alcanzaron los 340 millones, y los de Instagram llegaron a los mil millones. En México, 77 millones de personas son usuarios de alguna red social digital. De ellos, 61 millones participan en Facebook, 25 millones en Twitter y 10 millones en Instagram. La cantidad de nuevos comunicadores es sorprendente, y la información que comparten es inmediata y totalmente masiva. Sin embargo, la calidad de los contenidos es acorde con la cantidad de usuarios, y por ser masiva, este tipo de comunicación es también popular, popularidad que ha provocado que la información se torne progresivamente frívola.
 

En redes sociales todo usuario adquiere el poder de comunicarse; un poder que no conoce distancias ni límites, si acaso, la lengua nativa. Pero ese poder es también un instrumento que, veladamente, muestra la personalidad del comunicador. En efecto, las redes sociales evidencian lo mejor de cada persona, pero también lo peor; dan a conocer su formación, cultura y sabiduría, pero también su ignorancia, sus rencores y odios. No necesita decir mucho, quien emplea expresiones indecentes, para mostrar su vulgaridad; y no requiere dar mucha información quien amenaza o insulta, para evidenciar su odio irracional.


El anuncio del Evangelio en las redes sociales, por su parte, se destaca por sus contenidos formales, verídicos y respetuosos, y aunque carece de toda frivolidad, sí cuenta con un importante público que es tanto receptor como generador de los mensajes. Con ocasión de la pandemia por el Coronavirus, por ejemplo, las tecnologías digitales han permitido que la celebración de la santa Misa y de devociones religiosas puedan llegar a millones de personas desde y hasta cualquier parte del mundo.


Los fieles cristianos que gustan de compartir la Palabra de Dios o que han tenido el impulso de evangelizar en medios digitales deben tener la precaución de hacerlo bien, con veracidad y con calidad, pues así como el llamado del Señor, cuando pide llevar el Evangelio a todas las naciones, se dirige a su Iglesia, quienes conformamos la Iglesia debemos dar razón de nuestra Fe desde el corazón y de la mejor manera, pues la Iglesia no es nuestra, es de Cristo.