San José, datos fundamentales para conocerle mejor

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La santidad de San José está muy por encima de los Patriarcas y Profetas del Antiguo Testamento, de los Apóstoles, de los Mártires, de los Confesores, de las Vírgenes y aun de los mismos Ángeles.

Ser el padre de Jesús y el esposo de María es lo máximo que podemos decir de él, pues cumplió fielmente su misión y, por eso, Dios lo ha encumbrado sobre todos los santos.

La razón teológica de la santidad de San José, la establece Santo Tomás de Aquino cuando dice: "Cuanto alguna cosa recibida se aproxima más a la causa que la ha producido, tanto más participa de la influencia de esa causa" (S. Th. III, q.7, a.1). La causa única de donde procede toda santidad es el mismo Dios. Luego cuanto más próxima o cercana a Dios esté una criatura, tanto más participará de su infinita santidad. Nadie como San José -después de Jesús y de María- se ha acercado tanto a Dios, luego hay que concluir que su santidad excede a cualquier criatura humana o angélica.


DATOS EVANGÉLICOS

El evangelio enseña claramente que José es quien transmite a Cristo su ascendencia y genealogía y con ello la descendencia de Abraham con todo lo que ello significa, y, sobre todo, la descendencia de David y las promesas del reino mesiánico y eterno. Ese es el significado y la importancia de la genealogía de José, desposado con María, de la nace Cristo (Mt 1, 1-16).

San José en los planes de Dios juega un papel de capital importancia; sin él no hubiese existido el descendiente de David, el Mesías. José da su consentimiento a esta transmisión. El Señor le pide que tome a María como esposa, porque en los planes de Dios el Mesías tenía que nacer de una virgen, pero desposada, casada con un hombre justo; y este hombre es José. Y José con su silencio dijo SI a la embajada de Dios, recibiendo a María en su casa. Es todo el valor capital del anuncio a José (Mt 1, 18-24).

José es el varón justo, cabal, perfecto, y como tal ha obrado en el momento trascendental de la Encarnación del Verbo, totalmente entregado a la voluntad de Dios con una fe ciega y absoluta en El. Se desposa con María por voluntad de Dios Es un matrimonio preparado por el Espíritu Santo, en el que sólo interviene Este de una manera especialísima (Mt 1, 19a).

Por razón de su matrimonio con María, José es padre de Jesús, padre virginal. El evangelio le da el título de padre sin más: "He aquí que tu padre y yo te buscábamos" (Lc 2, 48); porque en todo el contexto del relato evangélico se comprende fácilmente el contenido de la paternidad.

Paternidad que encuentra su realización materializada en el nacimiento de Jesús en Belén. San José pone los actos previos al nacimiento de Jesús. Como esposo justo y fiel lleva a la madre, próxima al alumbramiento, a Belén; le busca una posada digna entre amigos y conocidos, y, al no hallarla, se instala con ella en un establo de bestias, esperando el santo advenimiento. Acompaña a María en el momento de dar a luz al hijo que el cielo les ha regalado a los dos, dice San Agustín. Ha llegado ya el fruto de su matrimonio virginal con María; ha visto colmada su paternidad por obra y gracia del Espíritu Santo, aceptando que fuese de aquel modo concreto, en pobreza y abandono del mundo (Lc 2, 4-7).

José, como padre del recién nacido, le circuncida al octavo día y le impone el nombre de Jesús, que era un derecho inherente a la misión del padre; así San José ejerce su dominio sobre el hijo y, de alguna manera le marca su personalidad. Al imponerle el nombre de Jesús le incluye con todo derecho en la descendencia davídica. Es un acto de dominio y de sabiduría porque el nombre responde a la sustancia de la persona (Lc 2, 21; Mt 1, 20-21. 25).

José y María, según San Lucas, presentan al niño Jesús en el templo como sacerdote y como sacrificio. Acto que representa el reconocimiento por los padres de la especial consagración a Dios de aquel Niño que ya recibió el nombre de Jesús, que quiere decir Salvador, por especial inspiración de un ángel (Lc 2, 22-24).

En su calidad de padre de Jesús recibe del cielo la orden de llevarle a Egipto para liberarle de las iras exterminadoras de Herodes y de volverle, a su debido tiempo, a Palestina (Mt 2, 13-23).

Y en su calidad de padre, José es obedecido por Jesús y le está sujeto (Lc 2, 51).

Los sentimientos de paternidad para con Jesús en José son tan fuertes que cuando los pastores cantan las maravillas de la aparición de los ángeles, su padre y su madre escuchan maravillados lo que se dice del Niño (Lc 2, 33); y cuando se pierde en el templo, le buscan por espacio de tres días con gran dolor; Mira que tu padre y yo, apenados, andábamos buscándote (Lc 2, 48).


EN LA REFLEXIÓN TEOLÓGICA

Encontramos huellas de la reflexión teológica sobre San José desde los primeros siglos del cristianismo, tanto en los Padres orientales como en los occidentales. Es así, que entre los Padres orientales que hablan de San José encontramos: En el Siglo II a San Ignacio de Antioquía, San Justino, San Ireneo. En el siglo III a Tertuliano, San Clemente de Alejandría, San Hipólito de Roma, Orígenes, Julio de África. En el siglo IV a Eusebio de Cesarea, San Efrén, San Basilio, San Cirilo de Alejandría. Y entre los Padres occidentales a San Ambrosio, San Jerónimo, San Agustín, Pedro Crisólogo, y otros. Considerando los aportes patrísticos, se puede decir que hacia mediados del siglo V ya se contaba con los elementos más característicos de la comprensión teológica y espiritual sobre San José.

Durante los siglos posteriores la reflexión sobre el Santo Custodio se limitaría a comentar los escritos de los Padres de la Iglesia. Pero la llegada del siglo XII traería una mayor profundización teológica con santos como Bernardo de Claraval, Tomás de Aquino y Buenaventura.

En estos primeros siglos la teología de San José se reduce principalmente al nacimiento del Señor Jesús, y a la virginidad de María, la reflexión sobre San José estaba acompañada de un cierto temor de resaltarlo demasiado. Las inquietudes básicas sobre San José se concretaban en las preguntas ¿Cuál fue realmente e históricamente la función de San José en la sagrada familia de Nazaret? ¿De qué naturaleza fue su paternidad respecto de Cristo y su matrimonio con María? Por ejemplo, ante el temor de atentar contra la virginidad de María afirmando la existencia real del matrimonio con José y María, autores como San Jerónimo lo consideraban simplemente putativo.

El primer surgimiento de la devoción a San José, se produce en sentido pleno entre los Siglos XII y XV, propiciado por el retorno a la veneración de la humanidad de Cristo y el culto a la Santa Virgen impulsado especialmente por San Bernardo de Claraval en Siglo XII, San Francisco de Asís, en e Siglo XIII, y diversos autores de la "Devotio Moderna". Entre los autores de la órdenes mendicantes se encuentran: San Buenaventura y sus discípulos Pedro Juan Olivi, Ubetino de Casal, y más tarde Bernardino de Siena, Bernardino de Feltre, Bernardino de Bustis, por parte de los Franciscanos; y por el lado de los Dominicos a San Alberto Magno, Santo Tomás, entre muchos otros. También encontramos por esta época al Papa Sixto IV, quien incluyó la fiesta de San José en el Calendario Romano hacia el año 1479.

Sin embargo parece que es a partir de los Siglos XV y XVI, en la época de las reformas católicas, cuando se empiezan a producir trabajos enteramente dedicados a San José, así como a profundizar en las reflexiones en torno al Santo Custodio. En este tiempo también crece significativamente su devoción. Los siglos siguientes hasta nuestros días son los de mayor desarrollo y florecimiento, estando la devoción a San José en un continuo aumento. En esta época encontramos numerosas fundaciones religiosas, asociaciones y las pías uniones de laicos, las iglesias, las capillas, los libros científicos y populares, las recomendaciones de los santos que buscan promover y sostener la devoción a San José.


SU CULTO EN LA IGLESIA

a) El papa Sixto IV, en el año 1476, establece para la diócesis de Roma el 19 de marzo como fiesta de San José, que luego se extendió a la Iglesia universal.

b) Pio IX lo declara Patrono Universal de la Iglesia (8-XII1870).

c) Pio XII establece la celebración de San José Obrero, el 1º de mayo, presentándolo como modelo de los trabajadores.

d) Benedicto XV declara a San José como singular protector de los moribundos (25-VII-1920).

e) Juan XXIII lo incluye en la relación de Santos, después de María, en el Canon Romano de la Misa (S.C. de los Ritos, Decr. (13-XI-1962).

 

VIRGINIDAD, MATRIMONIO CON MARÍA Y PADRE DE JESÚS

Santo Tomás de Aquino dice: Se debe creer que José permaneció virgen, porque no está escrito que haya tenido otra mujer y la infidelidad no la podemos atribuir a tan santo personaje.

Dice san Francisco de Sales (1567-1622): María y José habían hecho voto de virginidad para todo el tiempo de su vida y he aquí que Dios quiso que se uniesen por el vínculo del santo matrimonio, no para que se desdijeran y se arrepintieran de su voto, sino para que se confirmasen más y más y se animasen mutuamente juntos durante toda su vida.

Debemos tener en cuenta es que fue un verdadero matrimonio, a pesar de que nunca hubo entre ellos relación carnal.

El Espíritu Santo reconoce en el Evangelio: José, esposo de María, de la que nació Jesús, llamado Cristo (Mt 1, 16). José era verdadero esposo de María y entre ellos había un verdadero matrimonio. Analizando la naturaleza del matrimonio, tanto san Agustín como santo Tomás de Aquino, la ponen siempre en la indivisible unión espiritual, en la unión de los corazones, en el consentimiento, elementos que en aquel matrimonio se han manifestado de modo ejemplar. En el momento culminante de la historia de la salvación, cuando Dios revela su amor a la humanidad mediante el don del Verbo, es precisamente el matrimonio de María y José el que realiza en plena libertad el don esponsal de sí, al acoger y expresar tal amor.

José fue en verdad padre de Jesús, aunque no lo fuera de sangre. Su título de padre le es reconocido por el Espíritu Santo mediante la autoridad de la Palabra de Dios, y Jesús lo reconocía, obedeciéndole en todo. Dice el Evangelio que les estaba sujeto (Lc 2, 51), es decir, que obedecía a María y José.

La paternidad de José era indispensable en Nazaret para honrar la maternidad de María. Era indispensable para la circuncisión e imposición del nombre. Era indispensable en Belén para inscribir al recién nacido como hijo de David en los registros del imperio romano. Era indispensable en Jerusalén para presentar al primogénito en el templo. Y también era indispensable la presencia de José para el crecimiento de Jesús en sabiduría y gracia ante Dios y ante los hombres (Lc 2, 52).

Decía el Papa Juan Pablo II: La paternidad de san José, como la maternidad de la Santísima Virgen María, tiene un carácter cristológico de primer orden. Todos los privilegios de María se derivan del hecho de que es madre de Cristo. Análogamente, todos los privilegios de san José se deben a que tuvo el encargo de hacer de padre de Cristo.

La Sagrada Familia fue la familia perfecta, donde había amor, unión, comprensión y donde estaba Dios presente en la persona de Jesús. Siempre se ha dicho que, para formar un auténtico matrimonio hacen falta tres: el esposo, la esposa y Dios.