Una vez más: Libertad Religiosa

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Created on Wednesday, 04 May 2011 17:53
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 Vivimos en un mundo diverso, con diversidad de razas, culturas y religiones, es cierto, pero si en algo hemos acordado, como humanidad, que no haya diversidad, es los derechos humanos, pues son universales. No obstante, muchas veces son desdeñados. La Iglesia, que siempre ha puesto interés en la vigilancia del cumplimiento de los derechos de hombre como creatura de Dios, cuenta con la Pontificia Academia de Ciencias Sociales, fundada por Juan Pablo II en 1994, con el objetivo de promover el estudio y el progreso de las ciencias sociales, económicas, políticas y jurídicas a la luz de la doctrina social de la Iglesia.

El pasado miércoles 4 de mayo, con motivo de la XVII sesión plenaria de esta Pontificia Academia, celebrada en Roma con el tema “Los derechos universales en un mundo de diversidad: el caso de la libertad religiosa”, Benedicto XVI envió un mensaje a su Presidenta, la señora Mary Ann Glendon. En su mensaje escribe que las libertades religiosa y de culto, que “fueron negadas sistemáticamente por los regímenes ateos del siglo XX, hoy en día son de nuevo amenazadas por actitudes e ideologías que impiden la manifestación libre de la religión. En consecuencia, hay que reaccionar, defendiendo y promoviendo el derecho a la libertad religiosa y de culto. Como el hombre goza de la capacidad de elegir libre y personalmente la verdad, y puesto que Dios espera del ser humano una respuesta libre a su llamada, el derecho a la libertad religiosa debe ser considerado como innato a la dignidad fundamental de toda persona humana, en conexión con la apertura natural del corazón humano a Dios”.


Benedicto XVI puso de relieve que “cada estado tiene el derecho soberano de promulgar su propia legislación y de expresar diferentes posturas hacia la religión en el derecho. De hecho, hay algunos estados que permiten una amplia libertad religiosa en nuestra comprensión del término, mientras que otros la limitan por una serie de razones, entre ellas la desconfianza en la religión. La Santa Sede sigue haciendo hincapié en el reconocimiento del derecho humano fundamental a la libertad religiosa por parte de todos los estados, y les insta a respetar, y si es necesario a proteger a las minorías religiosas que, aunque profesen una religión diferente de la mayoría, aspiran a vivir con sus ciudadanos pacíficamente y a participar plenamente en la vida civil y política de la nación, en beneficio de todos”.


Ya desde el primer día de 2011 el Papa había puesto su mirada en el respeto a la Libertad Religiosa al celebrar la Jornada Mundial de la Paz con el tema “La libertad religiosa, camino para la paz”. Luego, el 10 de enero, en reunión con los embajadores acreditados ante la Santa Sede, volvió a tratar este derecho de todo ser humano y dijo que “no se aplica plenamente allí donde sólo se garantiza la libertad de culto, y además con limitaciones”, pidió que “se promueva la plena salvaguarda de la libertad religiosa y de los demás derechos humanos” y señaló que “en diversos países en que la Constitución reconoce una cierta libertad religiosa, la vida de las comunidades religiosas se hace, de hecho, difícil y a veces incluso insegura ya que el ordenamiento jurídico o social se inspira en sistemas filosóficos y políticos que postulan un estricto control, por no decir un monopolio, del Estado sobre la sociedad. Es necesario que cesen tales ambigüedades, de manera que los creyentes no tengan ya que debatirse entre la fidelidad a Dios y la lealtad a su patria”.


El Papa terminó aquella reunión estableciendo que “la promoción de una plena libertad religiosa de las comunidades católicas es también el objetivo que persigue la Santa Sede cuando establece concordatos u otros acuerdos” y que “la actividad de los representantes pontificios en los Estados y Organizaciones internacionales está igualmente al servicio de la libertad religiosa”.


Al finalizar la XVII sesión plenaria de la Pontificia Academia de las Ciencias Sociales, la Presidenta resumió los trabajos de la plenaria en cuatro grandes áreas: La primera, dijo, “la coerción estatal y la persecución de los creyentes”; la segunda, “las restricciones estatales a la libertad religiosa de las minorías”; la tercera, “la presión social sobre las minorías religiosas que pueden o no ser sancionadas por el Estado, pero que sin embargo limita las libertades de esas minorías”. Y la cuarta, “el crecimiento del fundamentalismo secular en los países occidentales, que considera a los creyentes una amenaza a la política secular, democrática liberal”.


Mientras tanto, el Estado mexicano continúa sin reconocer el derecho, que todos los mexicanos tenemos, a la Libertad Religiosa.