San Pedro encadenado

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Created on Wednesday, 20 July 2011 17:40
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Simón-Pedro, el pescador de Galilea a quien el Señor entregó las llaves del reino de los cielos y le confió su Iglesia, fue hecho prisionero en tres ocasiones; de las dos primeras lo liberó un ángel, y de la tercera lo sacaron sus verdugos para llevarlo a crucificar.

Este es el relato de su primer cautiverio: “Entonces intervino el sumo sacerdote y todos los suyos, los de la secta de los saduceos; y llenos de envidia, echaron mano a los apóstoles y los metieron en prisión públicamente. Pero el ángel del Señor, por la noche, abrió las puertas de la cárcel, los sacó y les dijo: -Vayan, preséntense en el Templo y comuniquen al pueblo todo lo referente a esta Vida-. Obedecieron, y al amanecer entraron en el Templo y se pusieron a enseñar” (Hch 5, 17-21).


Este, el de su segunda prisión y liberación: “Por aquel tiempo el rey Herodes echó mano de algunos de la Iglesia para maltratarlos. Hizo morir por la espada a Santiago, el hermano de Juan. Al ver que esto les gustaba a los judíos, se atrevió a prender también a Pedro. Eran los días de los Ázimos. Le apresó, pues, le metió en la cárcel y le confió a cuatro escuadras de cuatro soldados para que le custodiasen, con la intención de presentarle ante el pueblo después de la Pascua. Así pues, Pedro estaba  custodiado en la cárcel, mientras la Iglesia oraba insistentemente por él a Dios. Cuando ya Herodes le iba a presentar, aquella misma noche estaba Pedro durmiendo entre los soldados, atado con dos cadenas; también unos centinelas ante la puerta custodiaban la cárcel. De pronto se presentó el ángel del Señor y la celda se llenó de luz. El ángel golpeó a Pedro en el costado, le despertó y le dijo: -Levántate aprisa-. Y cayeron las cadenas de sus manos. Le dijo el ángel: -Cíñete y cálzate las sandalias-. Así lo hizo. Añadió: -Ponte el manto y sígueme-. Salió y se disponía a seguirle. No acababa de darse cuenta de que era real cuanto hacía el ángel, sino que se figuraba ver una visión. Habiendo atravesado la primera y la segunda guardia, llegaron a la puerta de hierro que daba a la ciudad. Esta se les abrió por sí misma. Salieron y recorrieron una calle. Y de pronto el ángel se apartó de él. Pedro volvió en sí y dijo: -Ahora me doy cuenta realmente de que el Señor ha enviado a su ángel y me ha librado de las manos de Herodes y de todo lo que esperaba el pueblo de los judíos” (Hch 12, 1-11).


Pedro viajó a Roma en el año 42, en tiempos del emperador Claudio, y murió mártir en el año 67 durante la persecución de Nerón. De ello dan cuenta tres padres de la Iglesia: san Clemente de Alejandría, san Ireneo y Tertuliano. Fue arrojado a la cárcel Mamertina, una prisión subterránea, oscura y húmeda. Allí bautizó, junto con san Pablo a varios prisioneros, hasta que luego de ocho meses fue condenado a muerte luego de ser azotado. A Pablo lo llevaron a decapitar, a Pedro lo llevaron al monte Gianícolo para crucificarlo de cabeza.


En Roma es muy conocida la basílica de san Pedro del Vaticano, pero menos conocida es la basílica de San Pedro en cadenas, donde se conservan, en una urna de cristal, las cadenas de las dos últimas prisiones de Pedro.


La emperatriz Eudoxia, esposa del emperador Arcadio, había heredado de su madre Licinia Eudoxia, esposa de Valentiniano III, las cadenas de la prisión de san Pedro en Jerusalén. Ella las había recibido de Juvenal, primer patriarca de Jerusalén, y se las obsequió al papa León I, quien ya poseía las cadenas con que ataron a san Pedro en la cárcel Mamertina del Foro romano. Cuando juntó ambas cadenas, milagrosamente se unieron entre sí.


Esta basílica de San Pedro en cadenas o San Petrus ad víncula o San Pietro in víncoli, la mandó construir Eudoxia en el siglo IV para resguardar las cadenas. Es una de las primeras iglesias de Roma; se llamó Titulus Eudoxiae. En el siglo V se construyó una más grande con las columnas originales. Fue restaurada y reconstruida por los papas Adriano I, Sixto IV y Julio II. Aquí se encuentra la escultura del Moisés de Miguel Ángel que resguarda la tumba del papa Julio II.


Es costumbre pedir a San Pedro, en esta basílica suya, que nos libre de caer algún día en prisión; también pedirle el favor de la liberación de algún familiar o amigo que se encuentre prisionero.