Crisis con Irlanda

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Están resultando particularmente tristes las erosiones entre la República de Irlanda y la Santa Sede, primero porque Irlanda es tradicionalmente católica y ha soportado incursiones protestantes de Gran Bretaña en su propio territorio, pero principalmente porque su población infantil ha sido golpeada por el vicio de la pedofilia en muchos de sus sacerdotes. Ya en marzo de 2010 Benedicto XVI se había referido a este grave asunto en su Carta a los católicos de Irlanda en la que hacía recaer la responsabilidad sobre los obispos irlandeses por su mala gestión en todo lo ocurrido. Pero desde el pasado 20 de julio el problema forma parte de las relaciones internacionales a partir de que el Primer Ministro irlandés, Enda Kenny, durante una intervención en el parlamento, tuviera expresiones que diplomáticamente han sido consideradas de “extrema dureza” porque se ha referido ya no a los obispos irlandeses sino a la Santa Sede como nación y a la persona del papa Benedicto XVI.

 

En respuesta a las declaraciones de Enda Kenny, la Secretaría de Estado de la Santa Sede llamó al Vaticano a su Nuncio en Dublín, monseñor Giuseppe Leanza. Esta acción diplomática se percibe con dos posibilidades, una es la de convocarlo para el análisis y estudio del conflicto, y la otra es retirarlo de la nunciatura como una acción inmediata que más tarde podría traducirse en un retiro prolongado que pudiese derivarse en la salida de los embajadores acreditados ante ambas naciones si el conflicto creciera. Como se ve, se vive una crisis diplomática seria entre Irlanda y la Santa Sede.

 

Por su parte, la Sala de Prensa de la Santa Sede, en voz de su Director, el padre Federico Lombardi, declaró que el Vaticano responderá “de forma oportuna” a las preguntas y requerimientos del Gobierno irlandés sobre este asunto, y en voz de su Sub-Director, el padre Ciro Benedittini, hizo notar que “llamar a consultas al Nuncio denota la seriedad de la situación” y que la voluntad de la Santa Sede es de “afrontarla con objetividad y determinación, a pesar de una cierta sensación de sorpresa y pesar por algunas reacciones excesivas”.

 

Con mirada objetiva es posible calcular que puede haber cierta presión global hacia el gobierno irlandés, hundido en una severa crisis económica y sediento de ayuda internacional, para que se lance contra la institución eclesiástica católica, pero también de manera objetiva es posible reconocer que las acusaciones del Primer Ministro son secuela de un largo historial de acoso sexual por parte de clérigos hacia niños irlandeses. Su intervención parlamentaria se produjo después de que se presentara el informe Cloyne sobre los abusos cometidos en la diócesis del mismo nombre, en el sur del país, por 19 clérigos entre los años 1996 y 2009. Kenny dijo que el informe muestra “la disfunción, la desconexión, el elitismo y el narcisismo que dominan la cultura del Vaticano hasta hoy”, acusó a la Santa Sede de “quitar importancia a la tortura y violación de niños” y agregó que “la posición adoptada por los máximos responsables de la Iglesia está en total oposición con la compasión y la humildad con que la institución se fundó”.

 

El conflicto diplomático arrastra consigo, ineludiblemente, a la congregación de Los Legionarios de Cristo, que había instalado varias casas, escuelas y seminarios en Irlanda. Apenas el pasado 15 de julio, el padre Sylvester Heereman, director territorial de la Legión para Europa, dio a conocer el cierre de su noviciado en Dublín, cuando en una carta explicó que “los motivos que han llevado a esta decisión dolorosa son la escasez de vocaciones irlandesas en las últimas dos décadas, aunada a la dificultad actual de mantener el noviciado con vocaciones provenientes de otros países como la consolidación de esfuerzos y recursos que estamos llevando a cabo”.

 

El cierre de ese noviciado, donde residen jóvenes de entre 17 y 20 años, se sumó a la suspensión de otros dos seminarios menores para muchachos de 12 a 18 años: uno en Sacramento, Estados Unidos, y el otro en Porto Alegre, Brasil. Los Legionarios se han visto obligados, en los últimos meses, a cerrar seminarios menores, comunidades religiosas, escuelas y una universidad, en el mayor repliegue institucional de sus últimos años. El vocero de la congregación en Roma, Andreas Schoggl, informó que “estas medidas responden a la falta de vocaciones, al impacto de la crisis económica internacional, a la necesidad de maximizar los recursos y a los escándalos ligados al fundador, Marcial Maciel”.

 

En los próximos días veremos si la diplomacia vaticana y la Fe de los irlandeses son capaces de superar una crisis que en nada beneficiaría a ambas partes.