Triste decisión irlandesa

User Rating:  / 0
PoorBest 

 

 

Hoy afirmamos, con tristeza, que la crisis diplomática entre la Santa Sede y la República de Irlanda no ha logrado resolverse y que, muy al contrario, ha ido a peor. El enfriamiento en las relaciones oficiales entre ambas naciones ha llegado a un punto alto con el cierre de la embajada de Irlanda ante el Estado Vaticano el 3 de noviembre. Es una triste decisión porque el Pueblo irlandés es católico en más del 90% y esto ha ocasionado pesar entre sus habitantes; es triste decisión porque desde su independencia, ganada en 1929, Irlanda fue abrazada por la Santa Sede entre las primeras naciones que reconocieron su soberanía al establecer relaciones oficiales. Ahora, al cabo de 82 años, el Estado irlandés parece desdeñar aquel momento. 

 

El conflicto diplomático inició el 20 de julio cuando el Primer Ministro irlandés, Enda Kenny, durante una intervención en el parlamento, en relación al Informe Cloyne sobre abusos cometidos en Irlanda por 19 clérigos entre 1996 y 2009, expresara que el informe muestra “la disfunción, la desconexión, el elitismo y el narcisismo que dominan la cultura del Vaticano hasta hoy” y agregara que “la posición adoptada por los máximos responsables de la Iglesia está en total oposición con la compasión y la humildad con que la institución se fundó”. Estas expresiones, consideradas de extrema dureza por el protocolo diplomático, hicieron que la Secretaría de Estado de la Santa Sede llamara al Vaticano a su Nuncio en Dublín, y que, respondiendo a las acusaciones del Ministro Kenny, el 3 de septiembre entregara una respuesta sobre el reporte Cloyne al gobierno irlandés a través de su Subsecretario para las Relaciones con los Estados, a la Encargada de Negocios interina de la Embajada de Irlanda ante la Santa Sede. Ese mismo día, el Padre Federico Lombardi, Vocero de la Santa Sede, comentó que “el documento demuestra que la Santa Sede ha tomado en consideración, con gran seriedad y respeto, las preguntas y las críticas recibidas” y expresó su confianza en que esta respuesta “alcance a reconstruir el clima de confianza y cooperación con las autoridades irlandesas”.

 

Desde el 3 de septiembre hubo silencio en espera de una respuesta proveniente de la Isla Esmeralda, hasta que dos meses después, la noche del 3 de noviembre, el ministro de Relaciones Exteriores de Irlanda, Eamon Gilmore, informó en un comunicado que “Con el fin de responder a los objetivos del programa de la Unión Europea y del Fondo Monetario Internacional y restablecer los gastos públicos a un nivel viable, el gobierno se ha visto obligado a hacer recortes en numerosos servicios públicos” y “ha decidido, lamentándolo mucho y con gran reticencia, cerrar las embajadas de Irlanda en el Vaticano y en Irán, así como su oficina de representación en Timor Oriental”. Al día siguiente, declaró a través de la Radio pública RTE que “El cierre de la embajada en el Vaticano no tiene nada que ver con las recientes controversias”.

 

En respuesta al cierre de la embajada y en declaración oficial, el director de la Sala de Prensa de la Santa Sede, el Padre Federico Lombardi, indicó que el gobierno central de la Iglesia Católica “tomó nota” de la medida tomada por Irlanda y agregó que “Naturalmente cada Estado que tiene relaciones diplomáticas con la Santa Sede es libre de decidir, con base en sus posibilidades y sus intereses, si tener un embajador residente en Roma o en otro país. Lo que es importante son las relaciones diplomáticas entre la Santa Sede y los Estados, y éstas no están en duda en lo que respecta a Irlanda”. En Irlanda, el arzobispo de Armagh, el cardenal Sean Baptist Brady, ha hecho notar que en el año 1929, cuando nació la República de Irlanda, sus primeras cuatro representaciones diplomáticas en el exterior fueron las de Washington, Londres, la Liga de las Naciones y la Santa Sede, lamentándose profundamente por esta mala decisión.

 

Actualmente son 179 los países con los que la Santa Sede mantiene relaciones diplomáticas. El Anuario Pontificio de 2011 indica que hay 78 países que tienen embajador acreditado, entre ellos México. Sin Irlanda, ahora son 77.

 

Como resultado de esta crisis se han extendido rumores que intentan hacer pensar que esto es consecuencia de que Irlanda atraviesa por una secularización, pero no es así, la verdad es que los irlandeses se encuentran consternados por esta triste decisión de su Gobierno. Los mismos rumores afirman que a Irlanda seguirán otros países que cerrarán sus embajadas ante la Santa Sede, pero tampoco es así, porque un gobierno que no atiende a la fe del Pueblo que gobierna suele tomar tristes decisiones.