Consagremos México al Sagrado Corazón

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En el muro lateral derecho de la iglesia-catedral de Quito, en Ecuador, se lee el siguiente texto en una placa conmemorativa: “La consagración al Corazón de Jesús, que el país hizo en esta Catedral, es núcleo de la nacionalidad ecuatoriana, cimiento de la unidad de la Patria y el más alto destino histórico y espiritual del Ecuador”.

 

El Ecuador es la primera nación que se consagró al Sagrado Corazón de Jesús. En un acto solemne que tuvo lugar el 25 de marzo de 1874, 200 años después de que sucedieran las apariciones de nuestro Señor Jesucristo a santa Margarita María de Alacoque en Paray Le Monial, Francia, entre 1673 y 1675, cuando le reveló la devoción a su Sagrado Corazón. El Señor, además le pidió: “Haz saber al hijo mayor de mi Sagrado Corazón (el rey Luis XIV) que si su nacimiento se dio gracias a la devoción y a los méritos de mi Santa Infancia, así también su nacimiento a la Gloria eterna lo obtendrá por su consagración a mi Corazón, que quiere reinar en su palacio, ser pintado en sus estandartes y grabado en sus armas para vencer a sus enemigos y a los de la Iglesia. Mi Padre quiere servirse del rey para ejecutar su designio, que es la construcción de un edificio donde será venerada la imagen de mi Corazón y donde recibirá el homenaje de Francia”. Luis XIV no hizo caso de la solicitud divina y 100 años después cayó la monarquía francesa y la masonería invadió a Francia. Pero otros 100 años después, en 1873, luego de calamidades y persecución a la Fe, la Asamblea Nacional decidió construir la Basílica del Sagrado Corazón de Jesús en Montmartre, la célebre iglesia situada en lo alto del Monte de los Mártires, en París, a fin de expiar los pecados de la ciudadanía parisina y para honrar la memoria de los franceses muertos durante la guerra contra Prusia. La primera piedra se colocó en 1875, se terminó en 1914 y se consagró en 1919.

 

Al otro lado del mundo, sobre la línea ecuatoriana que separa a los hemisferios norte y sur, y siglos atrás, la Virgen María, en su advocación de  Nuestra Señora del Buen Suceso, le había revelado a sor Mariana de Jesús Torres, en el año 1630, lo siguiente: “En el siglo XIX habrá un Presidente de veras cristiano, varón de carácter, a quien Dios Nuestro Señor le dará la palma del martirio en la misma plaza dónde se encuentra éste mi convento (de la Inmaculada Concepción); Consagrará la República (de Ecuador) al Divino Corazón de mi Amantísimo Hijo, y esta consagración sostendrá la religión católica en los años posteriores, que serán aciagos para la Iglesia”.

 

La profecía se cumplió en Gabriel García Moreno, quien fuera presidente del Ecuador de 1861 a 1874, quien lograra la consagración de su patria al Sagrado Corazón de Jesús en 1873, y quien le edificara una grande iglesia, hoy conocida como “Basílica del Voto nacional”. La masonería cobró venganza y mandó matarlo, frente a la plaza pública, el 6 de agosto de 1875. Sus verdugos, al mando de Faustino Lemus Rayo, lo mataron a machetazos y a balazos. Su cuerpo agonizante fue introducido a la Catedral, donde recibió la unción sacramental.

 

España fue consagrada al Sagrado Corazón de Jesús el 30 de Mayo de 1919 por el rey Alfonso XIII, quien leyó la consagración en el Cerro de los ángeles, cerca de Madrid, ante una imagen de piedra del Sagrado Corazón y de pie ante un altar con el Santísimo Sacramento. Al acto asistieron el gobierno en pleno, autoridades religiosas, la familia real, y el Pueblo español.

 

Colombia fue consagrada el 22 de junio de 1902 durante la Guerra de los Mil Días, con la presencia del Arzobispo de Bogotá, Monseñor Bernardo Herrera Restrepo, y el Presidente de la República, quien además colocó la primera piedra de la Basílica del Voto Nacional. A los 5 meses se firmó el tratado de Winsconsin, el 21 de noviembre de 1902, poniendo punto final a la guerra e iniciándose una era de paz y de concordia nacional. En el año 2008 Colombia renovó su consagración al Sagrado Corazón de Jesús y se consagró también al Corazón de la Virgen María en una celebración presidida por el cardenal Pedro Rubiano Sáenz y con plena aceptación del Presidente Álvaro Uribe. Al poco tiempo se debilitaron las FARC y se redujo el narcotráfico.

 

Luego de conocer esta historia, no sé qué esperan las autoridades eclesiásticas, civiles y el Pueblo de México, para consagrar la nación mexicana al Corazón Sagrado de Jesús.