Educar en la justicia y la paz

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Cada día primero de año se celebra la Jornada Mundial por la Paz. Para el año 2012, en su 45a edición, el Papa Benedicto XVI ha querido centrar su mensaje en el tema “Educar a los jóvenes en la justicia y la paz". El mensaje toca seis aspectos fundamentales para la educación en la paz y en la justicia. Presento, en seguida, un resumen:

 

1) El comienzo de un Año nuevo, don de Dios a la humanidad, es una invitación para desear a todos, con mucha confianza y afecto, que este tiempo que tenemos por delante esté marcado por la justicia y la paz. Mi mensaje se dirige a los padres, las familias y a todos los estamentos educativos y formativos, así como a los responsables en los distintos ámbitos de la vida religiosa, social, política, económica, cultural y de la comunicación. Se ha de transmitir a los jóvenes el aprecio por el valor positivo de la vida, suscitando en ellos el deseo de gastarla al servicio del bien.

 

2) Los responsables de la educación.- ¿Cuáles son los lugares donde madura una verdadera educación en la paz y en la justicia? Ante todo la familia, puesto que los padres son los primeros educadores. Ella es la primera escuela donde se recibe educación para la justicia y la paz. A los responsables de las instituciones dedicadas a la educación pido que vigilen con gran sentido de responsabilidad para que se respete y valore en toda circunstancia la dignidad de cada persona. A los responsables políticos pido que ayuden concretamente a las familias e instituciones educativas a ejercer su derecho de educar. Que se esfuercen para que a nadie se le niegue el derecho a la instrucción y las familias puedan elegir libremente las estructuras educativas que consideren más idóneas para el bien de sus hijos. Al mundo de los medios pido que den su aportación educativa. En la sociedad actual, los medios de comunicación de masa tienen un papel particular, pues no sólo informan, sino que también forman el espíritu de sus destinatarios.

 

3) Educar en la verdad y en la libertad.- El uso recto de la libertad es central en la promoción de la justicia y la paz, que requieren el respeto hacia uno mismo y hacia el otro, aunque se distancie de la propia forma de ser y vivir. De esa actitud brotan los elementos sin los cuales la paz y la justicia se quedan en palabras sin contenido: la confianza recíproca, la capacidad de entablar un diálogo constructivo, la posibilidad del perdón, que tantas veces se quisiera obtener pero que cuesta conceder, la caridad recíproca, la compasión hacia los más débiles, así como la disponibilidad para el sacrificio.

 

4) Educar en la justicia.- En nuestro mundo, en el que el valor de la persona, de su dignidad y de sus derechos, más allá de las declaraciones de intenciones, está seriamente amenazado por la extendida tendencia a recurrir exclusivamente a los criterios de utilidad, del beneficio y del tener, es importante no separar el concepto de justicia de sus raíces transcendentes. La visión integral del hombre es lo que permite no caer en una concepción contractualista de la justicia y abrir también para ella el horizonte de la solidaridad y del amor.

 

5) Educar en la paz.- La paz es fruto de la justicia y efecto de la caridad. Y es ante todo don de Dios. Pero la paz no es sólo un don que se recibe, sino también una obra que se ha de construir. Para ser verdaderamente constructores de la paz, debemos ser educados en la compasión, la solidaridad, la colaboración, la fraternidad; hemos de ser activos dentro de las comunidades y atentos a despertar las consciencias sobre las cuestiones nacionales e internacionales, así como sobre la importancia de buscar modos adecuados de redistribución de la riqueza, de promoción del crecimiento, de la cooperación al desarrollo y de la resolución de los conflictos.

 

6) Levantar los ojos a Dios.- No son las ideologías las que salvan el mundo, sino sólo dirigir la mirada al Dios viviente, que es nuestro creador, el garante de nuestra libertad, el garante de lo que es realmente bueno y auténtico.

 

La paz no es un bien ya logrado, sino una meta a la que todos debemos aspirar. Miremos con mayor esperanza al futuro, animémonos mutuamente en nuestro camino, trabajemos para dar a nuestro mundo un rostro más humano y fraterno y sintámonos unidos en la responsabilidad respecto a las jóvenes generaciones de hoy y del mañana, particularmente en educarlas a ser pacíficas y artífices de paz.