Mensaje a las naciones

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Como es tradición, el Papa se reúne al inicio de cada año con los embajadores acreditados ante la Santa Sede a fin de entregar un mensaje a las naciones. Por su trascendencia, presento enseguida el resumen de su discurso pronunciado el 9 de enero:

 

  

“A través de ustedes, extiendo mi felicitación a todas las naciones que representan, y con las que la Santa Sede mantiene relaciones diplomáticas. Su presencia nos recuerda la importante contribución de la Iglesia en sus sociedades.

 

  

Allí donde no resplandece la luz divina el mundo está en sombras. Realmente, el mundo está en la oscuridad allí donde el hombre no reconoce ya su vínculo con el Creador, poniendo en peligro su relación con las demás criaturas y con la creación misma. El momento actual está marcado lamentablemente por un profundo malestar y por diversas crisis: económicas, políticas y sociales, que son su expresión dramática.

 

 

 No puedo dejar de mencionar las graves y preocupantes consecuencias de la crisis económica y financiera mundial. No solo ha golpeado a las familias y empresas de los países económicamente más avanzados, sino que ha marcado también la vida de los países en vías de desarrollo. La crisis puede y debe ser un acicate para reflexionar sobre la existencia humana y la importancia de su dimensión ética, antes que sobre los mecanismos que gobiernan la vida económica.

 

 

 Los efectos de la situación actual de incertidumbre afectan particularmente a los jóvenes. Su malestar ha sido la causa de los fermentos que han golpeado diversas regiones, sobre todo a África del Norte y a Medio Oriente, donde sufren pobreza y desempleo, temen la falta de expectativas seguras y han puesto en marcha un movimiento de reivindicación de reformas y de participación más activa en la vida política y social, pero el respeto de la persona debe estar en el centro de las instituciones y las leyes. Siento gran preocupación por la población de los países que sufren todavía tensiones y violencias, en particular Siria. Confío en que se inicie un diálogo fructífero entre sus actores políticos, favorecido por la presencia de observadores independientes. En Tierra Santa, donde las tensiones entre palestinos e israelitas repercuten en el equilibrio de todo el Medio Oriente, es necesario que los responsables de estos dos pueblos adopten decisiones valerosas y claras en favor de la paz. He sabido con agrado que, gracias a una iniciativa del reino de Jordania, el diálogo se ha retomado. Espero que continúe hasta que se llegue a una paz duradera, que garantice el derecho de los dos pueblos a vivir con seguridad y en Estados soberanos, dentro de unas fronteras definidas y reconocidas internacionalmente.

 

 

 La educación representa una tarea de primer orden en estos tiempos delicados; necesita de lugares y el primero es la familia, fundada sobre el matrimonio entre un hombre y una mujer.

 

 

 Las medidas legislativas que favorecen el aborto se oponen a la educación de los jóvenes y por tanto al futuro de la humanidad.

 

 

 Las instituciones educativas son las primeras instancias que colaboran con la familia, y para desempeñar adecuadamente esta tarea, sus objetivos han de coincidir con los de la realidad familiar. La Iglesia católica se ha mostrado siempre particularmente activa en el área de las instituciones escolares y académicas, cumpliendo una apreciable labor al lado de las instituciones estatales. Deseo por tanto que esta contribución sea reconocida y valorada también por las legislaciones nacionales.

 

 

 La libertad religiosa se caracteriza por una dimensión individual, así como por una dimensión colectiva y una dimensión institucional. Se trata del primer derecho del hombre, porque expresa la realidad más fundamental de la persona. Este derecho se sigue limitando y violando. En muchos países, los cristianos son marginados de la vida pública; en otros, sufren ataques violentos contra sus iglesias y sus casas. En otras partes del mundo, se constatan políticas orientadas a marginar el papel de la religión en la vida social.

 

 

 Con respecto a la urgencia humanitaria en los países del Cuerno del África. Pido una vez más a la Comunidad internacional su ayuda solícita para encontrar una solución a la crisis que después de tantos años perdura en Somalia.

 

 

 La salvaguarda del medio ambiente, la sinergia entre la lucha contra la pobreza y el cambio climático constituyen ámbitos importantes para la promoción del desarrollo humano integral.

 

 

Animada por la certeza de la fe, la Santa Sede sigue ofreciendo su aportación a la Comunidad internacional: proclamar la altísima vocación del hombre y la divina semilla que en él está presente, y ofrecer al género humano una sincera colaboración para lograr la fraternidad universal que responda a esa vocación.”