Relativismo

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Formamos parte de una generación a la que le ha tocado vivir un tiempo dificultoso marcado por una gran diversidad de ideologías que en su mayoría han provocado crisis sociales, económicas, morales y espirituales. A este fenómeno filosófico, a la vez que antropológico-social se le ha llamado Relativismo.

 

Famosa se hizo la expresión del entonces cardenal Joseph Ratzinger cuando durante la homilía en la Misa “Pro Eligendo Romano Pontifice” previa al Cónclave de elección del que él mismo salió electo Sucesor de Pedro, se refirió a este fenómeno como una “Dictadura del Relativismo que no reconoce nada como definitivo”.

 

 

Ante la evidencia del creciente relativismo contemporáneo, hoy resulta valioso conocer la explicación teológica de esta descomposición social a la que está ingresando la humanidad. En aquel 18 de abril de 2005, el entonces Decano del Colegio cardenalicio, expresó en medio del cuerpo de la homilía, lo siguiente: “La pequeña barca del pensamiento de muchos cristianos ha sido no raramente agitada por estas olas, botada de un extremo al otro: del marxismo al liberalismo, hasta el libertinaje; del colectivismo al individualismo radical; del ateísmo a un vago misticismo religioso; del agnosticismo al sincretismo y así en adelante. Cada día nacen nuevas sectas y se realiza cuanto dice San Pablo sobre el engaño de los hombres, sobre la astucia que tiende a arrastrar hacia el error. Tener una fe clara, según el Credo de la Iglesia, viene constantemente etiquetado como fundamentalismo. Mientras el relativismo, es decir el dejarse llevar de aquí hacia allá por cualquier tipo de doctrina, aparece como la única aproximación a la altura de los tiempos modernos. Se va constituyendo una dictadura del relativismo que no reconoce nada como definitivo y que deja como última media sólo el propio yo y sus ganas. Nosotros, en cambio, tenemos otra medida: el Hijo de Dios, el verdadero hombre. Es él la medida del verdadero humanismo. Adulta no es la fe que sigue las olas de la moda y la última novedad; adulta y madura es la fe profundamente radicada en la amistad con Cristo. Es esta amistad que nos abre a todo aquello que es bueno y nos dona el criterio para discernir entre lo verdadero y lo falso, entre engaño y verdad. Esta fe adulta es la que debemos madurar, a esta fe debemos guiar el rebaño de Cristo”.

 

Por su parte, la filosofía explica que el Relativismo es una tesis filosófica que sostiene que existen tantas verdades como cuantos seres pensantes crean estar en la verdad, y que la verdad dependería entonces de factores físicos, psicológicos y culturales que influyen en los juicios que esas personas hacen sobre la realidad. En tanto que el objetivismo, como teoría filosófica, sostiene que la verdad es independiente de las personas o grupos que la piensan o formulan, el Relativismo, por el contrario, considera que la verdad depende o está en relación con el sujeto, persona o grupo que la experimenta.

 

Para entender mejor qué es el Relativismo, es preciso aclarar que no consiste en aceptar que existen muchas opiniones acerca de las mismas cosas, esto es obvio y nadie lo podría negar, sino en asegurar que las diversas opiniones son verdad si a las personas que las defienden les parecen verdaderas, aunque no lo sean. El relativismo, pues, sostiene que existen muchas verdades acerca de las cosas, al menos tantas como personas creen tener un conocimiento de ellas.

 

Ya como Romano Pontífice, en el libro “Luz del Mundo”, Joseph Ratzinger profundiza en la explicación del fenómeno creciente del Relativismo cuando explica: “Está a la vista que el concepto de verdad ha caído bajo sospecha. Por supuesto, es cierto que se ha abusado mucho de él. En nombre de la verdad se ha llegado a la intolerancia y la crueldad. En tal sentido se tiene temor cuando alguien dice que tal cosa es la verdad o hasta afirma poseer la verdad. Nunca la poseemos; en el mejor de los casos, ella nos posee a nosotros. Nadie discutirá que es preciso ser cuidadoso y cauteloso al reivindicar la verdad. Pero descartarla sin más como inalcanzable ejerce directamente una acción destructiva.

 

Gran parte de la filosofía actual consiste realmente en decir que el hombre no es capaz de la verdad. Pero, visto de ese modo, tampoco sería capaz de la ética. No tendría parámetro alguno. En tal caso sólo habría que cuidar del modo en que uno más o menos se las arregla, y el único criterio que contaría sería, en todo caso, la opinión de la mayoría. Pero qué destructivas pueden ser las mayorías, nos lo ha mostrado la historia reciente, por ejemplo, en sistemas como el nazismo y el marxismo, los cuales han estado particularmente en contra también de la verdad”.

 

Ya desde la antigüedad, tanto Sócrates como Platón habían considerado inadmisible el punto de vista relativista, tanto por sus consecuencias en el plano moral y político, como porque es una teoría absurda que hace imposible el conocimiento. No olvidemos que toda la filosofía platónica se puede entender precisamente como un intento de superar de forma radical y completa el relativismo sofista.

 

Para entender todavía mejor este momento en que vivimos puedo decir que hoy el Relativismo se evidencia toda vez que se trata de vencer a la Verdad mediante el empleo de diversas argumentaciones; intento éste que no podrá prevalecer, pues en tanto que toda argumentación es relativa, la Verdad siempre será absoluta.

 

Si al leer este escrito usted experimentó algunas dudas hacia verdades expresadas aquí, le sugiero que revise con honestidad sus posturas, pues es posible que su manera de pensar esté siendo conducida por argumentaciones que le pueden llevar a caer en el Relativismo. Si es así, no se ponga triste, siempre es mejor saber algo, aunque sea tarde, que ignorarlo siempre.