Luego de la renuncia de BXVI

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La decisión del Papa Ratzinger no ha dejado de provocar diversidad de interpretaciones libres y espontáneas. De inmediato surgieron argumentaciones que, sin sustento, suponen presiones curiales hacia el Obispo de Roma a fin de orillarlo a tomar esta decisión. La verdad es que este acontecimiento debe leerse con seriedad a la luz del Derecho Canónico; también de la Teología, las Sagradas Escrituras y la Escatología, materia en la que algunas profecías presentan a dos papas en Roma, en un futuro que, a muchos, les parece que se aproxima.

 

En medio de la tormenta de opiniones diversas con argumentaciones varias, lo cierto es que la renuncia del papa no es materia de Fe, así que no es posible afirmar que el Papa abandona a la Iglesia en un tiempo de dificultad, pues al contrario, él mismo con confianza invita a la Iglesia a encomendarse al Espíritu de Dios y a un nuevo Sucesor de Pedro.

 

No es posible afirmar -no existe una sola fuente informativa al respecto- que Benedicto XVI renuncia por presiones curiales o del exterior, y ahora es evidente que ha desarrollado su pontificado más como una misión recibida, que como un poder poseído. El papa ha aplicado la norma moral que obliga a optar por un mal menor cuando no es posible la opción por el bien; y con su renuncia -como mal menor- sabe que conseguirá un mayor bien para la Iglesia a la vez que podrá evitar un mal.

 

Además de otorgarle credibilidad al Santo Padre en las causas que motivaron su renuncia, no sobra el análisis de un observador que puede percatarse de que Benedicto XVI pretende, a toda costa, evitar que el cónclave de elección de su sucesor lleve a la Silla de Pedro a un Romano Pontífice inconveniente para la Iglesia de nuestro tiempo y del futuro.

 

Las posibles consideraciones del Papa Benedicto son incalculables y variadas. Por ello, sólo mencionaré una a manera de muestra: En estos días suena mucho el nombre del cardenal Peter Turkson, de Ghana, Presidente del Pontificio Consejo Justicia y Paz, como posible sucesor inmediato al Solio pontificio; pero el cardenal Turkson ha tenido dos declaraciones extrañas, que fueron recibidas con tal recelo, que a partir de ellas la Secretaría de Estado de la Santa Sede emitió un documento en el que prohíbe este tipo de manifestaciones libres y las restringe a su pronunciamiento sólo a través de la misma Secretaría. Lo que dijo el cardenal es que es necesaria la creación de una autoridad supra-nacional para la implementación de un Gobierno Mundial, así como la creación de un Banco también mundial. Es claro que el cardenal Turkson, de llegar al pontificado, sería un peligro para la Iglesia, para el Estado Vaticano, para la economía y para la geo-política internacional.

 

Hacia lo que ha de venir, es definitivo que el sucesor inmediato del Papa Benedicto surgirá de entre 116 cardenales que, en rigor, son electores a la vez que elegibles. Antes y durante la celebración del Cónclave seguirán sonando muchos nombres, ya desde ahora: Leonardo Sandri, Angelo Scola, Tarcisio Bertone, Marc Ouellet, Timothy Dolan, Peter Turkson, Gianfranco Ravasi y otros más; y mientras tanto, en apego a la verdad, quien se atreva a decir quién será el sucesor, no ganará fama y sí perderá credibilidad porque… ¿Quién de los 116 cardenales, ante la perspectiva de ejercer el ministerio cardenalicio en toda su plenitud, estaría dispuesto a votar por quien otro cardenal le imponga, tanto más que su voto es secreto?

 

Al alud de comentarios y argumentaciones, se suman las informaciones procedentes de la Sala de Prensa de la Santa Sede -siempre con certeza, siempre oficiales- pero que han venido a confirmar lo que muchos suponen: que Benedicto XVI seguirá teniendo una grande fuerza en su retiro aunque no vuelva a aparecer en forma pública, aunque prácticamente desaparezca del mundo. Algunas de estas declaraciones recientes establecen que: “El nombre de Benedicto XVI es inalienable, por lo tanto, Joseph Ratzinger podrá seguir usándolo”, “Monseñor Georg Ganswein seguirá siendo su Secretario”, “Benedicto XVI modificará algunas normas que rigen la elección del Romano Pontífice en el documento Universi Dominici Gregis”.

 

Luego del anuncio de su voluntad de renunciar… al cabo de la firma de su renuncia el 28 de febrero… durante el periodo vacante de la Sede Apostólica… en los prolegómenos a la convocatoria al Cónclave… y durante el desarrollo de las votaciones al interior de la Capilla Sixtina… los días por venir serán definitorios de que se pronuncie la célebre expresión Habemus Papam. En tanto… como dijo Juan Pablo II: Si viviamo, vediamo; “Si vivimos, veremos”.