Denuncia de obispo

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No deja de resonar en mi corazón la frase de Edmund Burke que afirma: “Lo único necesario para el triunfo del mal, es que los buenos no hagan nada”. Lo digo a partir del acto de valor del obispo de Apatzingán, monseñor Miguel Patiño Velázquez, con el que hizo pública, mediante carta fechada el pasado 15 de octubre, una contundente denuncia de la extrema violencia y corrupción de autoridades que se sufre en su diócesis, en Michoacán y en México.

 

En su carta, el obispo explica: “El estado de Michoacán tiene todas las características de un Estado Fallido. Los grupos criminales Familia Michoacana, Zetas, Nueva Generación y Caballeros Templarios, se lo disputan como un botín: La Costa, para la entrada de droga e insumos para producción de drogas sintéticas; la Sierra Madre del Sur y la zona aguacatera, para cultivo de mariguana y amapola, establecimiento de laboratorios para producción de drogas sintéticas y refugio de grupos criminales; las ciudades más importantes y todo el Estado, para el comercio de droga, “venta de seguridad” (cuotas), secuestros, robos y extorsión”.

La denuncia que hace el obispo de Apatzingán no corresponde a una actitud novedosa en la Iglesia. El 21 de noviembre de 1982, Juan Pablo II explicó, en Sicilia, que algunas manifestaciones de la Mafia se pueden eliminar con medidas represivas, pero que sobre todo debe combatirse “mediante una paciente formación de las conciencias” y en 1995 sentenció que “ninguna mafia puede cambiar ni pisotear el derecho a la vida”. En octubre de 2010, Benedicto XVI presentó, en Palermo, un llamado a los jóvenes sicilianos: “No cedan a las sugestiones de la mafia, que es un camino de muerte, incompatible con el Evangelio”. Por su parte, el papa Francisco presentó un llamamiento a la conversión, el 26 de mayo de 2013, en la Plaza de san Pedro: “Recemos para que los mafiosos se conviertan. No pueden continuar así”.

Lo que sí es novedoso es que prácticamente por vez primera, un obispo mexicano levante la voz para denunciar al crimen: “Michoacán tiene años sufriendo el crimen organizado que se ha recrudecido en los últimos meses. Han aumentado los levantones, secuestros, asesinatos, el cobro de cuotas se ha generalizado y familias enteras han tenido que emigrar por miedo e inseguridad” y que también denuncie a las autoridades: “Los gobiernos municipales y la policía están sometidos o coludidos con los criminales y crece el rumor de que el gobierno estatal también está al servicio del crimen organizado” y que agregue, para no dejar dudas: “Desde mayo tenemos la presencia de la Policía Federal, Ejército y Marina con una estrategia para devolver la paz a Michoacán. Su presencia se constata por todas partes, pero no hemos visto efectividad porque no se ha capturado a ninguno de los capos del crimen organizado, aun sabiendo dónde se encuentran; prácticamente en su presencia se extorsiona, se cobran cuotas, se secuestra y se levanta a personas. Nos llama la atención cómo no han sido capaces de descubrir las casas de seguridad del crimen organizado ni hayan liberado a nadie cuando se cuentan por decenas las personas levantadas”.

De inmediato, la Conferencia del Episcopado Mexicano mostró su apoyo al obispo de Apatzingán mediante el “Comunicado por la paz en Michoacán y en México”, publicado el 23 de octubre y firmado por cardenal Francisco Robles Ortega y por monseñor Eugenio Lira,  respectivamente Presidente y Secretario general de la CEM: “Los Obispos de México unimos nuestra oración, nuestra voz y nuestra acción a lo expresado por Monseñor Patiño. Nos duele el drama por el que están pasando muchas hermanas y muchos hermanos mexicanos. Nos aflige el hecho de que incluso la atención pastoral a los fieles se esté viendo afectada por las amenazas del crimen organizado. Por eso, solicitamos a las autoridades federales, estatales y municipales una acción pronta y eficaz ante la injusticia de los levantones, secuestros, asesinatos y cobro de cuotas que afectan al bien y la prosperidad de tantas personas y comunidades, y les pedimos estrategias”.

Uno de los primeros obispos en sumarse a la denuncia ha sido el arzobispo de Acapulco, monseñor Carlos Garfias Merlos a través de una carta publicada el 30 de octubre: “Nos hacemos solidarios con monseñor Miguel Patiño, obispo de Apatzingán quien, en días pasados hizo una valiente denuncia sobre la situación de ingobernabilidad en algunas regiones del estado de Michoacán e hizo un llamado a recuperar el estado de Derecho como una urgencia impostergable”.

Los próximos días serán decisivos para conocer la respuesta, de las autoridades y del crimen organizado, pues ninguno puede ignorar esta denuncia contundente de los obispos de México.