Casa de San José

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En la ciudad de Nazaret, en Galilea, Israel, se conserva el sitio donde estuvo la casa de san José y su taller. En este lugar ocurrieron acontecimientos celestiales, pues aquí el Ángel del Señor se le apareció en sueños, y le dijo: “José, hijo de David, no temas tomar contigo a María tu mujer porque lo engendrado en ella es del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo, y tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados” (Mt 1, 20). Luego, “Despertado José del sueño, hizo como el Ángel del Señor le había mandado, y tomó consigo a su mujer” (Mt 1, 24).

En esta casa residió la Sagrada Familia en Nazaret, aquí creció el niño Jesús, aquí pasó su juventud trabajando junto con san José, el esposo de su madre, y de aquí salió para iniciar su predicación y concretar la redención, como refiere Francisco Fernández Carvajal en su cristología Vida de Jesús: “En aquella casa fue creciendo el Hijo de Dios. Jesús siempre tuvo presente aquellas paredes y aquel lugar sencillo, pero ordenado y agradable. Cuando, en su ministerio público, volvió a Nazaret, recordaría momentos inolvidables junto a su Madre y a san José. Entre las cosas que santa María guardaba en su corazón estaban sin duda, tantos pequeños sucesos corrientes de la vida de su Hijo, que fueron la alegría de su alma” y agrega que allí, en esa misma casa, “Jesús recibió de José muchas enseñanzas; entre otras, el oficio con el que se ganó la vida y sostuvo luego la casa, cuando el Santo Patriarca abandonó este mundo”.


Nazaret se localiza a 140 kilómetros de Jerusalén, a 343 metros de altura sobre el nivel del mar Mediterráneo, y a cinco kilómetros de Séforis, que fuese la capital de Galilea hasta que Herodes estableció como nueva capital la ciudad de Tiberíades, a 19 kilómetros al noroeste de Nazaret y a orillas del mar de Galilea. La casa de san José, por su parte, se encuentra sobre la colina que es el centro histórico de Nazaret, muy cercana a la basílica de la Anunciación, separada por una amplia plaza y por un apacible jardín.

De la casa de san José se conservan, gracias a que los primeros cristianos y la comunidad judeocristiana de Nazaret utilizaron el sitio para bautizar a los conversos, vestigios arqueológicos de lo que fuese la bodega debajo del pavimento y la cisterna de al lado, vestigios sobre los que se edificó una pequeña iglesia en el siglo VI -llamada desde entonces con los títulos de Iglesia de san José, Iglesia de la Nutrición e Iglesia del Sustento- que fue reedificada por los frailes franciscanos en el siglo XII, por los Cruzados en el siglo XIII, y reconstruida en 1914 sobre los cimientos originales de la primigenia iglesia.


Fue gracias a las excavaciones que los frailes franciscanos practicaron en torno al terreno sobre el que se construyó la nueva iglesia, que se descubrieron, además de las ruinas de la iglesia edificada por los Cruzados, la cisterna excavada en la roca caliza, fragmentos de los muros de las habitaciones de la casa y los siete peldaños que dan acceso a la cisterna de dos metros, en la que todavía se conservan algunos de los mosaicos de color blanco y negro que cubrieron el fondo.


En su cristología Jesús en su tiempo, el historiador Daniel Rops sostiene: “Conforme a diversos trabajos arqueológicos, la iglesia del Sustento se cree que ocupa el mismo emplazamiento de la casa en que José alimentó a Jesús” y agrega que “esta vivienda habría sido, en una buena parte subterránea, excavada en la blanda roca calcárea del país, y esas toscas escaleras, decoradas hoy con mosaicos, las habría subido y bajado el Niño”.


La actual iglesia, de estilo neo-románico, presenta una fachada con portal en forma de arco y flanqueado por dos ventanas. Al interior es de tres naves separadas por columnas. El ábside se decoró con tres frescos de los que el más grande presenta a la Sagrada Familia al centro, uno de los laterales muestra el Sueño de san José y el otro su Tránsito en brazos de Jesús y de María. Los vitrales de las naves laterales iluminan el interior en bellos colores azules y verdes. En la nave izquierda, una hermosa escultura muestra a Jesús Niño de la mano de san José.


Este sitio de Nazaret constituye una viva reliquia de la casa en la que san José cuidó y protegió los tres más grandes tesoros que Dios le confió: su Hijo, su Madre, y su Iglesia.