Escóndete en tus habitaciones

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A diferencia del cronista, que luego de haber visto los acontecimientos, mirando hacia atrás relata lo que sucedió en el pasado, el profeta ve los hechos que habrán de suceder, y mirando hacia adelante es capaz de narrar lo que sucederá en un futuro por venir.

En las Sagradas Escrituras se encuentra una infinidad de crónicas de sucesos ocurridos, y también una mar de profecías, unas ya ocurridas y otras que habrán de cumplirse. Varias páginas del Antiguo testamento fueron escritas por diversos profetas, los de antes del exilio: Amós, Oseas, Miqueas, Isaías, Nahum, Sofonías, Habacuc y Jeremías; y los del exilio y del post-exilio: Abdías, Ezequiel, Isaías II, Ageo y Zacarías I, Joel, Isaías III, Malaquías, Zacarías II y Jonás. A su vez, el Nuevo Testamento contiene varias profecías, desde las que reveló Jesucristo, en persona, hasta las visiones del apóstol san Juan durante su destierro en la isla de Patmos, depositadas en el libro del Apocalipsis.


De entre los profetas, Isaías se destaca por haber sido portador de un mensaje de juicio y de gracia que Dios le reveló en cinco temas: trascendencia de Dios, cuya soberanía se extiende a todo el mundo; indignidad del hombre y necesidad de purificación del pueblo; anuncio de castigos como consecuencia del pecado; promesa de una intervención de Dios, en su Mesías; y la esperanza de una reconciliación final entre todos los seres humanos.

 

El profeta Isaías nació hacia el año 765 a.C., desempeñó su ministerio durante 40 años, luego se retiró al silencio hasta el año 705 a.C., cuando volvió a predicar a fin de profetizar una ayuda divina para salvar a Jerusalén de una rebelión contra Asiria en el año 701 a.C., y murió mártir al año siguiente.

En siglos posteriores, a los escritos de Isaías le fueron agregados textos de otros dos profetas identificados con su mismo nombre. De estos escritos forma parte el Apocalipsis de Isaías, posterior al siglo V a.C., contenido en los capítulos 24 al 27 del libro de Isaías.

Considerado como el más grande profeta mesiánico, Isaías presenta a Dios en toda su grandiosidad divina, como Santo, Fuerte, Poderoso y Rey, en tanto que al hombre lo muestra como un ser herido por el pecado del que Dios espera reparación pues exige justicia en las relaciones humanas y una auténtica sinceridad en el culto que se le profesa, ya que además exige fidelidad. Isaías es considerado también como el profeta de la fe, pues en las grandes crisis por las que atraviesa su pueblo pide que solamente se confíe en Dios como única posibilidad de salvación, pues sabe que la prueba será dura.

Dentro del Apocalipsis de Isaías se encuentra una de estas duras pruebas, de la que los exégetas han encontrado cumplimiento en tiempos previos a Cristo interpretando que la mención de sucesos que ocurrirían en toda la tierra se refiere a acontecimientos para Israel, aunque en nuestro siglo XXI cobran vigencia porque son profecías que se refieren a todo el orbe y al linaje humano: “He aquí que Yahvé ha decidido devastar y despoblar la tierra, replegará su superficie y expulsará de ella a sus habitantes: al pueblo como al sacerdote; al siervo como al señor; a la criada como a su señora; al que compra como al que vende; al que presta como al prestatario; al acreedor como a su deudor. La tierra será devastada, totalmente saqueada, pues así lo ha dicho Yahvé. En duelo se marchita la tierra, se amustia, se marchita el orbe, el cielo con la tierra se marchita. Sus habitantes profanan la tierra: traspasan las leyes, violan los preceptos, quebrantan la alianza eterna. Por eso la maldición devora la tierra, y son culpables quienes la habitan. Por eso se consumen sus habitantes; quedan pocos del linaje humano” (Is 24,1-6).

En el mismo Apocalipsis de Isaías, Dios da a conocer instrucciones para quienes le son fieles, pues indica que castigará la culpa de todos los habitantes de la tierra en una profecía que con asombrosa precisión hoy parece cumplirse: “Pueblo mío, entra en tus habitaciones y cierra tu puerta tras de ti, escóndete un instante hasta que pase la ira. Porque Yahvé sale de su morada dispuesto a castigar la culpa de todos los habitantes de la tierra contra él; descubrirá la tierra sus manchas de sangre y no ocultará ya a sus asesinados” (Is 26, 20-21).

Son profecías que Isaías vió hacia el futuro, que cumplidas siglos atrás, vuelven a consumarse como consecuencia de graves transgresiones a la ley de Dios y a constantes violaciones de sus preceptos