Gran Reset y Covid-21

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Unos días antes de las elecciones presidenciales en los Estados Unidos, quien fuese Nuncio apostólico para ese país durante los dos últimos años del pontificado de Benedicto XVI y los tres primeros del pontificado de Francisco, monseñor Carlo María Viganò, le dirigió una segunda carta al presidente Donald Trump, fechada el 25 de octubre, en secuencia a la primera, del 7 de junio.

En esta segunda carta, informa que le escribe en un momento en que “el destino del mundo entero está siendo amenazado por una conspiración global contra Dios y la humanidad”, un momento histórico que “ve a las fuerzas del Mal alineadas en una batalla sin cuartel contra las fuerzas del Bien; fuerzas del Mal que parecen poderosas y organizadas al oponerse a los hijos de la Luz, que están desorientados y desorganizados, abandonados por sus líderes temporales y espirituales” y en el que “vemos a jefes de naciones y líderes religiosos complacer este suicidio de la cultura occidental y su alma cristiana, mientras que los derechos fundamentales de los ciudadanos y creyentes son negados en nombre de una emergencia de salud que se revela cada vez más plenamente como un instrumento para el establecimiento de una tiranía inhumana sin rostro”.


Luego, monseñor Viganò hace referencia a la pandemia por el Coronavirus, de la que asegura que procede de “un plan global llamado Great Reset” y denuncia que “su artífice es una élite global que quiere someter a toda la humanidad, imponiendo medidas coercitivas con las que limitar drásticamente las libertades individuales y de poblaciones enteras”. Luego señala que el propósito del Gran Reset consiste en “la imposición de una dictadura de la salud que apunta a la imposición de medidas liberticidas, escondidas detrás de tentadoras promesas de asegurar un ingreso universal”, pero advierte que “el precio de estas concesiones del Fondo Monetario Internacional será la renuncia a la propiedad privada y la adhesión a un programa de vacunación contra Covid-19 y Covid-21 impulsado por Bill Gates con la colaboración de los principales grupos farmacéuticos. Más allá de los enormes intereses económicos que motivan a los impulsores del Gran Reset, la imposición de la vacunación irá acompañada de la exigencia de un pasaporte sanitario y un DNI digital”.

Hacia la mitad del documento, el exnuncio para Estados Unidos alerta acerca de avances próximos del Gran Reset, que “se activará entre finales de este año y el primer trimestre de 2021. Para ello, se prevén nuevos cierres, que estarán oficialmente justificados por un supuesta segunda y tercera oleada de la pandemia”, agrega que estos terribles planes, ahora los “vemos llevados a cabo hasta el más mínimo detalle. Nadie, hasta febrero pasado, hubiera pensado que, en todas nuestras ciudades, los ciudadanos serían arrestados simplemente por querer caminar por la calle, respirar, querer mantener su negocio abierto, o querer ir a la iglesia el domingo” y denuncia: “Mientras los políticos están atrincherados dentro de sus palacios promulgando decretos como sátrapas persas, los negocios fracasan, las tiendas cierran y la gente no puede vivir, viajar, trabajar y orar. Las desastrosas consecuencias psicológicas de esta operación ya se están viendo, comenzando por los suicidios de emprendedores desesperados, y de nuestros hijos, segregados de amigos y compañeros de clase, a quienes se les pide que sigan sus clases sentados en casa solos frente a una computadora”.

Con una perspectiva escatológica, monseñor Viganò cita a san Pablo en referencia al Kathèkon (2 Ts 2,6-7) como esa realidad que se opone “a la manifestación del misterio de la iniquidad”, explica que “en el ámbito religioso, este obstáculo al mal es la Iglesia, y en particular el papado; en la esfera política, son los que impiden el establecimiento del Nuevo Orden Mundial” y le asegura al presidente Trump que él mismo es, precisamente, “el que se opone al Deep State, al asalto final de los hijos de las tinieblas”.

Finalmente, la carta lleva un mensaje de esperanza al asegurar: “Este Gran Reset está destinado al fracaso porque quienes lo planearon no entienden que todavía hay personas dispuestas a salir a las calles a defender sus derechos, a proteger a sus seres queridos, a dar un futuro a sus hijos y nietos. La inhumanidad niveladora del proyecto globalista se romperá miserablemente ante la oposición firme y valiente de los hijos de la Luz. El enemigo tiene a Satanás de su lado, el que solo sabe odiar. Pero de nuestro lado tenemos al Señor Todopoderoso, Dios de los ejércitos preparados para la batalla, y a la Santísima Virgen, que aplastará la cabeza de la antigua Serpiente. «Si Dios está por nosotros, ¿quién contra nosotros?» (Rm 8,31)”.