Jueves, 13 Junio 2024

Editoriales

Segunda multiplicación de panes

Segunda multiplicación de panes

El Evangelio de san Marcos refiere en dos ocasiones el milagro de la multiplicación de panes y peces, aunque es posible que el segundo relato sea un duplicado de la primera multiplicación. Ambos guardan similitudes y diferencias, y quizás se trate de una doble interpretación teológica del mismo milagro, la primera, para comunidades judías, la segunda para comunidades griegas y paganas, que puede obedecer a una intención de catequesis, dirigida específicamente al lector, para provocar una resonancia necesaria en la celebración de la santa Misa.

Jesús, como pastor, no sólo dio de comer una vez a los hombres, con sus discípulos; aquí se narra otra vez y se confirma, por medio de cestas llenas de sobras, la abundancia escatológica que se experimenta una y otra vez en el reino de Dios. Jesús predica, cura, da de comer, exhorta a la conversión, a la fe en el Evangelio y conduce así a la rica abundancia de la mesa de Dios.

A diferencia de la primera multiplicación de panes y peces, en esta segunda es Jesús quien llamó la atención de los discípulos sobre la necesidad de la gente y les hizo notar su compasión por ellos porque permanecían con él desde hacía varios días sin tener nada para comer: “Por aquellos días, habiendo de nuevo mucha gente y no teniendo qué comer, llama Jesús a sus discípulos y les dice: «Siento compasión de esta gente, porque hace ya tres días que permanecen conmigo y no tienen qué comer. Si los despido en ayunas a sus casas, desfallecerán en el camino, y algunos de ellos han venido de lejos». Sus discípulos le respondieron: «¿Cómo podrá alguien saciar de pan a estos aquí en el desierto?»” (Mc 8,1-4).

La referencia temporal a los tres días guarda correlación con el número teológico tres, símbolo de la divinidad y de cuanto se refiere a ella, especialmente en el culto, por lo que estos tres días estarían indicando una acción de Dios en el mundo en favor del hombre, y como no tienen qué comer, el signo divino se da en Jesucristo, quien es el alivio a la carencia de vida, representado en esa ausencia del sustento diario.

El Señor, que se hizo presente en el mundo para ser el camino de regreso al Padre, venció todo desfallecimiento en el deseo del encuentro con Dios, también en la lejanía de los pueblos paganos que no tenían acceso a la fe y que han venido de lejos anhelantes de encontrarse con Dios. El Cuerpo de Jesús será alimento espiritual de los hombres de todas las razas y de todos los tiempos.

La respuesta de los discípulos parece torpe, pues aunque participaron en la primera multiplicación de panes y peces, ahora parecían estar dispensados del compromiso y de la práctica, y al parecer evitaron involucrarse al preguntar ¿Cómo podrá alguien saciar de pan a estos aquí en el desierto? Sabían que estando junto a Jesús y entregándole lo que tuvieren él lo multiplicaría.

“Él les preguntaba: «¿Cuántos panes tienen?» Ellos le respondieron: «Siete». Entonces él mandó a la gente acomodarse sobre la tierra y, tomando los siete panes y dando gracias, los partió e iba dándolos a sus discípulos para que los sirvieran, y ellos los sirvieron a la gente. Tenían también unos pocos pececillos. Y, pronunciando la bendición sobre ellos, mandó que también los sirvieran. Comieron y se saciaron, y recogieron de los trozos sobrantes siete espuertas. Fueron unos 4,000; y Jesús los despidió. Subió a continuación a la barca con sus discípulos y se fue a la región de Dalmanutá” (Mc 8,5-10).

El Señor les respondió a sus apóstoles con una pregunta que los comprometió a participar en el milagro aportando lo que tenían: ¿Cuántos panes tienen? Ellos no debían limitarse a aceptar el modo de actuar de Jesús sólo como simples espectadores o con una cierta admiración, como lo hacía la multitud. Jesús propuso con palabras una enseñanza completa acerca de la actitud adecuada para descubrirlo y encontrarlo en su actuar.

A diferencia del primer relato de la multiplicación, en la segunda fueron siete panes y unos pocos peces en lugar de cinco panes y dos peces, siete cestas en vez de doce canastos con los trozos que sobraron, y los que se saciaron fueron cuatro mil en lugar de cinco mil hombres.

Al igual que en el primer milagro de los panes, Jesús se reunió con los apóstoles en la barca, pues juntos son la Iglesia naciente, en esta ocasión para navegar hacia Dalmanutá, una localidad que ya no existe en la actualidad, pero que en el pasado fue tierra pagana.