Jueves, 22 Febrero 2024

Editoriales

Los escribas y la viuda

Los escribas y la viuda

Estando en el templo de Jerusalén, Jesús quiso enseñar a quienes le escuchaban con agrado que evitaran vivir la religiosidad a la manera de los escribas, protagonistas de un espectáculo sobre un escenario en el que hacían lucir una simulada santidad de la que en realidad carecían. Se ocupaban de todas las cosas materiales, pero descuidaban lo que le corresponde al espíritu. “Decía también en su instrucción: «Guárdense de los escribas, que gustan pasear con amplio ropaje, ser saludados en las plazas, ocupar los primeros asientos en las sinagogas y los primeros puestos en los banquetes; y que devoran la hacienda de las viudas so capa de largas oraciones. Ésos tendrán una sentencia más rigurosa»” (Mc 12,38-40).

Descendiente y Señor de David

Descendiente y Señor de David

Luego de que el Señor le enseñara a un escriba, en respuesta a su pregunta acerca de cuál es el primero de todos los mandamientos, que el mandamiento principal es amar a Dios y que el segundo es amar al prójimo como a uno mismo, el escriba le manifestó su total acuerdo y adhesión, por lo que Jesús le hizo saber: “No estás lejos del Reino de Dios” (Mc 12,34).

¿Cómo no estar lejos del Reino de Dios?

¿Cómo no estar lejos del Reino de Dios?

A veces, entre los insensatos, hay algunos que dejan de serlo porque comienzan a desarrollar un criterio propio. Tal fue el caso de un escriba que no tenía interés en poner a prueba a Jesús ni era su antagonista. En verdad quiso aprender del Señor, y tras haber escuchado que les respondió con sabiduría a los saduceos, le podría iluminar con respecto a una duda que no había podido resolver desde hacía tiempo: “Se acercó uno de los escribas que les había oído y, viendo que les había respondido muy bien, le preguntó: «¿Cuál es el primero de todos los mandamientos?». Jesús le contestó: «El primero es: escucha, Israel: el Señor, nuestro Dios, es el único Señor, y amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas. El segundo es: amarás a tu prójimo como a ti mismo. No existe otro mandamiento mayor que éstos»” (Mc 12,28-31).

En error por no entender las Escrituras

En error por no entender las Escrituras

Tras el fracaso de los fariseos y herodianos, en su intento por calumniar a Jesús al preguntarle acerca de licitud de pagar el tributo debido al César, los saduceos intentaron, a su vez, ridiculizar sus enseñanzas; y aunque constituían un partido opuesto a los de herodianos y fariseos, se habían mantenido al margen de la persecución contra él y no se habían entrometido hasta entonces en su predicación, por temor a que se produjera un conflicto religioso-político, pero decidieron embestir:

Lo de Dios, a Dios

Lo de Dios, a Dios

Las autoridades judaicas, de las que Jesús había presentado, por medio de una parábola, una analogía con viñadores homicidas, le enviaron a fariseos y herodianos para calumniarlo. Al llegar donde él simularon tenerle consideración y respeto; pero en ellos la hipocresía y la trampa iban de la mano, pues llegaron con una insinuación aduladora para lograr arrancarle una respuesta comprometedora, ya que los herodianos promovían el pago del tributo, en tanto que los fariseos y los zelotas lo impugnaban: Y envían hacia él algunos fariseos y herodianos, para cazarlo en alguna palabra.Vienen y le dicen: «Maestro, sabemos que eres veraz y que no te importa por nadie, porque no miras la condición de las personas, sino que enseñas con franqueza el camino de Dios: ¿es lícito pagar tributo al César o no? ¿Pagamos o dejamos de pagar?».Mas él, dándose cuenta de su hipocresía, les dijo: «¿Por qué me tientan? Tráiganme un denario, que lo vea».Se lo trajeron y les dice: «¿De quién es esta imagen y la inscripción?». Ellos le dijeron: «Del César».Jesús les dijo: «Lo del César, devuélvanselo al César, y lo de Dios, a Dios». Y se maravillaban de él” (Mc 12,13-17).

Los viñadores homicidas

Los viñadores homicidas

Jesús les había respondido a las autoridades judaicas que él no les diría con qué autoridad había detenido la actividad comercial en el Templo. Sin embargo, les narró una alegoría que contenía tanto la descripción estricta del origen de su autoridad como la causa de su inminente muerte: “Y se puso a hablarles en parábolas: «Un hombre plantó una viña, la rodeó de una cerca, cavó un lagar y edificó una torre; la arrendó a unos labradores, y se ausentó. Envió un siervo a los labradores a su debido tiempo para recibir de ellos una parte de los frutos de la viña. Ellos lo agarraron, lo golpearon y lo despacharon con las manos vacías. De nuevo les envió a otro siervo; también a este lo descalabraron y lo insultaron. Y envió a otro y a éste lo mataron; y también a otros muchos, hiriendo a unos, matando a otros. Todavía le quedaba un hijo querido; les envió a éste, el último, diciendo: ‘A mi hijo lo respetarán’. Pero aquellos labradores dijeron entre sí: ‘Éste es el heredero. Vamos, matémoslo, y será nuestra la herencia’. Lo agarraron, lo mataron y lo echaron fuera de la viña” (Mc 12,1-8).

Con la autoridad de Dios

Con la autoridad de Dios

Luego de haber expulsado a los mercaderes del Templo, y dejando atrás la higuera seca, en la aldea de Betsaida, el martes regresó Jesús a Jerusalén “y, mientras paseaba por el Templo, se le acercan los sumos sacerdotes, los escribas y los ancianos, y le decían: «¿Con qué autoridad haces esto?, o ¿quién te ha dado tal autoridad para hacerlo?». Jesús les dijo: «Les voy a preguntar una cosa. Respóndanme y les diré con qué autoridad hago esto. El bautismo de Juan, ¿era del cielo o de los hombres? Respóndanme»” (Mc 11,27-30).

Sabios y Magos

Sabios y Magos

La figura de los Magos, o Reyes, o Santos Reyes, aparece ya desde el Antiguo Testamento como protagonistas de un momento en el que el Dios de Israel, será conocido por todos los demás pueblos.

El primer mártir

El primer mártir

Al día siguiente de la Navidad se celebra a san Esteban, el primer diácono y primer mártir de la Iglesia que hizo realidad las Palabras del Señor al perdonar a sus verdugos: “Amen a sus enemigos y rueguen por los que los persigan, para que sean hijos de su Padre celestial, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y llover sobre justos e injustos” (Mt 5,44-45).

Navidad

Navidad

Tras la caída del hombre ante Dios, por el pecado, Dios presentó una solución estableciendo un límite al reptil que había persuadido a Eva para que tomase del fruto prohibido en una transgresion a la voluntad divina, y le dijo a la serpiente: “Enemistad pondré entre ti y la mujer, y entre tu linaje y su linaje: él te pisará la cabeza” (Gn 3,15). En espera de esta mujer prometida, que es la Virgen María, y de su descendencia, que es Cristo-Jesús, la humanidad quedó así en espera de ser redimida de su pecado ancestral.

La higuera seca

La higuera seca

Luego de que Jesús entrara a Jerusalén el Domingo de Ramos, aclamado como el Mesías, con sus apóstoles, “al día siguiente, saliendo ellos de Betania, sintió hambre. Y viendo de lejos una higuera con hojas, fue a ver si encontraba algo en ella; acercándose a ella, no encontró más que hojas; es que no era tiempo de higos. Entonces le dijo: «¡Que nunca jamás coma nadie fruto de ti!». Y sus discípulos oían esto” (Mc 11,12-14).

Expulsión de los vendedores del Templo

Expulsión de los vendedores del Templo

Al día siguiente de su entrada mesiánica a Jerusalén, Jesús salió de Betania, donde pasó la noche, para dirigirse nuevamente a la ciudad santa: “Llegan a Jerusalén; y entrando en el templo, comenzó a echar fuera a los que vendían y a los que compraban en el templo; volcó las mesas de los cambistas y los puestos de los vendedores de palomas y no permitía que nadie transportara cosas por el templo. Y les enseñaba, diciéndoles: «¿No está escrito: Mi casa será llamada casa de oración para todas las gentes? ¡Pero ustedes la tienen hecha una cueva de bandidos!»” (Mc 11,15-17).

Entrada mesiánica a Jerusalén

Entrada mesiánica a Jerusalén

El hombre de Jericó, el mismo al que Jesús le restauró la visión de los ojos, caminaba entusiasmado llamándole a Jesús Hijo de David, y unido a él hacia la Ciudad Santa: “Cuando se aproximaban a Jerusalén, cerca ya de Betfagé y Betania, al pie del Monte de los Olivos, envía a dos de sus discípulos, diciéndoles: «vayan al pueblo que está enfrente de ustedes, y no bien entren en él, encontrarán un pollino atado, sobre el que no ha montado todavía ningún hombre. Desátenlo y tráiganlo. Y si alguien les dice: ‘¿Por qué hacen eso?’, digan: ‘El Señor lo necesita, y que lo devolverá en seguida’». Fueron y encontraron el pollino atado junto a una puerta, fuera, en la calle, y lo desataron. Algunos de los que estaban allí les dijeron: «¿Qué hacen desatando el pollino?». Ellos les contestaron según les había dicho Jesús, y los dejaron” (Mc 11,1-6).

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